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NEWELL`S 2 HURACAN 2

NO PIERDE EL ANGEL
Huracán respeta en todo momento el estilo de Cappa: cuando se quedó con diez fue al frente para ganarle a Newell's, en Rosario, y sólo le faltó la puntada final.
De local o visitante. Empatando o ganando. Con 11 jugadores o en inferioridad numérica. Con Cappa en el banco o mirándolo desde el túnel. Huracán tiene lo que todo DT pretende: identidad, un estilo de juego definido que ayer sacó a pasear por Rosario. Hizo más que Newell's, y sólo sacó un empate. Aún así, este Globo tiene Angel.
Hay un conjunto de ideas básicas en el estilo de Cappa y de este Huracán: pararse para ser protagonistas del partido, asociarse con los compañeros (parece primario, pero ayer Newell's mostró que a veces no incorpora ése concepto), ser agresivos sin ser apresurados, siempre intentar jugar.
El Globo también tiene un grupo de actores como para que la obra sea presentada con justeza. Lo que ves es lo que hay. Bolatti mostrando que se puede meter y jugar en la misma medida, parado donde lo necesita el equipo y el partido. De Federico, siempre pensando que le va a llegar la pelota y él debe conducir el ataque hasta el arco rival (sólo le falta tomar más apuntes de definición). Nieto peleando con los defensores sin desentenderse de la bocha, y con la mira puesta en el arco rival. Pastore, González, Díaz, los laterales, todos dispuestos a sumarse a la causa: el fin justificado por los medios, el triunfo como producto del trabajo y la precisión en la puesta en escena de la partitura.
Por eso ayer Huracán mereció más. Los dos tuvieron defensas bajas, expuestas a partir de la idea de buscar el partido, más volantes de buen pie que de pierna fuerte. Pero con el partido abierto fue siempre la visita, a excepción del cierre del PT, quien manejo espacios y pelota. Con Bolatti tapando huecos, con González y Díaz siempre mostrándose y De Federico ganando las espaldas de Bernardi y Bernardello. Si hasta Araujo maradonea y define con clase (no pudo gritarlo por respeto a su ex equipo).
Sabía Sensini que había que ganar el medio. Por eso sacó a Salcedo y sostuvo a Formica, más enganche que delantero. Pero no hubo caso. Newell's le sumó al problema de definición (generado en cómo terminan los avances los volantes) un serio desacople defensivo, pérdida de volumen de juego en el medio, y encima se quedó sin piernas ante un rival con menos jugadores.
Ni la expulsión de Arano, cuando varios habían perdido la paciencia con Abal (¡Lo sacó a Cappa!) le cambió el plan al Globo. Alan Sánchez se paró de lateral, con la 10 en la espalda, y cumplió. Nadie retrocedió. Así, Huracán perdió dos puntos, pero ganó en confianza. Y encima ahora le tocará medirse con el Lanús puntero, otro de los que siempre juega lindo.

VELEZ 1 RIVER 1

EL MUÑECO Y EL PRINCIPE
Villagra se vistió de Gallardo y López imitó la chilena de Francescoli. River y Vélez empataron, y sacaron conclusiones positivas: van a pelear el campeonato.
ARRIBA: 0-1, Villagra y un Gol, al de Gallardo a Arsenal)
ABAJO: 1-1, Hernán Rodrigo López y un Golazdo a lo Enzo)

¿Te acordás del día que Villagra hizo un gol de Gallardo? ¿Y te acordás de que ese mismo día, y en esa misma cancha, el uruguayo Hernán Rodrigo López imitó a Francescoli?
Es muy difícil que un 1-1 en la sexta fecha de un campeonato pase a la historia, pero este Vélez-River de muy buenas intenciones, de pelota al piso y ataque contra ataque, se transformó en partidazo y tendrá ribetes de histórico por esos dos golazos.
Fue extraordinario lo que hizo Villagra, quien tiene la notable capacidad de convivir entre esa rara gambeta a los tropezones y genialidades como la de ayer. Porque no hay otra manera de llamarle a esa definición que mezcló precisión, técnica en el remate, visión de la jugada, inteligencia y atrevimiento. Por las dudas se repite: lo hizo Villagra.
Resultó más extraordinaria todavía la pirueta de López, otro de una capacidad especial para ser demonio y ángel para su gente en un mismo cuarto de hora. Recibió de Zapata, paró la pelota de pecho, aprovechó la siesta de Villagra al habilitarlo y desenfundó esa cabriola llamada chilena sólo apta para elegidos (no se recomienda para un picado entre amigos y con piso duro). Vale la insistencia y va con aclaración: este uruguayo se llama López y no tiene nada que ver con Enzo.
Antes y después de esas dos explosiones en sólo cuatro minutos quedaron dos conclusiones colectivas y una revelación, con cierto aroma a consagración, individual.
River es otro. Es cierto que se comió cinco con San Lorenzo y penó afuera por la Copa, pero hay atisbos de una recuperación que puede ser duradera. Y la base es la decisión, y la bandera de esa decisión es Ahumada. Muy solo en la recuperación, se rompe el alma por el equipo. Eso genera contagio y entonces el objetivo de enterrar el oprobioso último puesto es posible. Es cierto que en defensa siempre parece al límite, que Abelairas casi no acierta ni con su pegada, que a Buonanotte le pesa ser enganche y que le falta paciencia para manejar la pelota, pero acumula síntomas positivos: no necesita ser superior al rival para generar peligro, tiene dos 9 que aun en una tarde sin brillar dan sensación de riesgo, Fabbiani absorbe presiones, muestra un orden que parecía olvidado y Gallardo está bien, muy cerca de la titularidad.
Vélez va a pelear el torneo. Mejor dicho, lo va a jugar porque lo distingue la circulación de pelota desde Cubero y Papa, y Razzotti y Zapata. Puede disimular una baja producción de Moralez, sus delanteros son peligrosos, el arquero es poco ortodoxo pero buen atajador y Gareca no se achica (junta a tres atacantes) pero tampoco mastica vidrio (Díaz por Larrivey con uno menos).
A esa estructura la banca un zaguero al que seguramente ya habrá marcado Maradona: Nicolás Otamendi. Una roca que se comió a Falcao-Fabbiani, rápido, ningún chambón con la pelota y con la agresividad que cualquier manual pide para el puesto.
Impresionó Vélez de arranque, lo arrinconó River al final. El punto los aleja de Lanús pero las formas los debe dejar conformes: de mantenerlas, quedarán más cerca de que el Clausura les resulte histórico.

LOS PARTIDO DE HOY

LAS PREVIAS

VELEZ Vs. RIVER


NEWELL`S Vs. HURACAN


RACING Vs. GODOY CRUZ


BOCA Vs. ARGENTINOS

SAN LORENZO 3 BANFIELD 1

LA MEJOR DEFENSA
No, San Lorenzo no rompió su racha y sigue sin terminar con el arco en cero. Pero la mejor noticia se la dio el fondo de Banfield: falló grande y simplificó la victoria
A veces, sólo a veces, la realidad deja en ridículo a los técnicos y sus delirios persecutorios, sus jeroglíficos misteriosos y sus temores ocultos detrás de maniobras inútiles y esquemas telefónicos sin tono. Anoche, Jorge Burruchaga jugó al espía con la formación del equipo, al extremo de demorar la difusión de los once titulares con la convicción de que la martingala más propia del 007 que de un entrenador le daría la llave del partido. Pero Miguel Russo, con menos vueltas, apenas tardó unos minutos en ordenar a sus volantes externos (Rivero y Alejandro Gómez) que jugaran bien abiertos, a espaldas de los laterales-volantes rivales que quedaron a media agua como todo Banfield, que jamás se logró acomodar a un dibujo que le permitiera salir del lodazal.
El resto es obra de los jugadores del Taladro, que hicieron su parte como para que el partido fuera una goleada conceptual, más allá que el resultado real no refleje la comodidad con la que transitó San Lorenzo una de las noches que parecía ser de las más complicadas del semestre. El Ciclón edificó su dominio desde los costados hacia el centro, con cambios de frente constantes de Rivero para Aureliano o el Papu, o de éstos hacia aquél, y con la movilidad de los puntas y el control de juego que le daban Adrián González y Ledesma parecía haber un solo equipo en la cancha. Pero el local no lograba la precisión necesaria para el pase quirúrgico que dejara a un delantero cara a cara con Luchetti. No había caso. Hasta que de un centro roto por un despeje la pelota le quedó a Bottinelli, quien envió un centro pasado, de los de resolución fácil. Encima, fueron dos defensores, pero Víctor López y Bustamante se molestaron entre sí, y el rechazo corto le quedó a Aguirre, quien definió con un puntinazo certero.
San Lorenzo ya tenía la noche resuelta, porque Banfield ni siquiera tuvo la claridad mental de probar de lejos a un arquero de estreno que jamás fue probado, salvo por una salida rápida a los pies de Fernández. Lo más peligroso del Taladro era su propia defensa, que volvió a pifiar (esta vez Dos Santos) para regalarle el gol a Bergessio. El segundo tiempo sólo sirvió para ver el golazo del Papu Gómez, para que la gente del Ciclón combatiera el fresquete a puro aplauso, y para que Banfield siguiera persiguiendo su propia cola. Y todavía no la alcanzó.



LANUS 2 COLON 1

GRANA Y ZUBE
Lanús se dio el lujo de guardar para la Copa y ganar igual, cuatro de cinco, 2-1 a Colón con golazos. Cuatro puntos sobre Vélez y a la gente, confiada con otra vuelta: "Que de la mano, de Zubeldía...".
La fiesta es tal que parece excesiva, ¿pero lo es? ¿Es exagerado lo de esta gente, la de Lanús, que celebra así el 2-1, la punta, los cuatro puntos de diferencia por sobre Vélez? Es verdad, sí, que ve que hay sol a pesar de que está lloviendo. No brilla todo, no, y sin embargo hay un grito pasional, sentido, confiado: "Que de la mano, de Zubeldía, todos la vuelta vamos a dar...".
En la fecha 6.
Pero ahí está Lanús, otra vez arriba de todo, de todos, después de mojarse los zapatos para saltear el charco, de enlodarse para ganarle a Colón. No la pasó bien, no deleitó, pero se floreó dos veces y dejó a todos con la boca abierta, con la sensación de que la flojera de la Copa es solamente eso, ya va a pasar.
"Tuvimos la suerte de convertir dos goles en un minuto y eso simplificó todo", resume Chiquito Bossio, aún exhausto por los revolcones de los últimos minutos, también por su mala salida que permitió el 1-2 ajustado. Y tiene razón el arquero. Lanús ganó, y ganó bien, pero sin mostrar todo lo que puede, todo lo que sabe. Se arremangó para pelearle el partido a un Colón que salió a apretarlo, a pelearle la pelota en su propio campo. Y se quedó en eso, en la batalla, en el poco riesgo, lo mismo que había sufrido entresemana en Chile. Se encerró en sus temores.
Fue tan pobre todo, tan carente de ideas de los dos lados, que la primera llegada en serio del local en el primer tiempo fue a los 39 minutos, por un remate de Valeri que tras un roce terminó en el córner. Lo de Colón, en la primera parte y durante todo el partido, fue únicamente eso: probar de media distancia, sacar provecho de la cancha rápida por los chaparrones. Excepto en el gol (llegó de un córner, la mala salida de Bossio y un cabezazo de Rivarola), no pisó el área con peligro. Nunca.
Y Lanús esperó. Esperó. Esperó. Y se lució dos veces, en una ráfaga de fútbol, en un tiqui-tiqui que tuvo a Lagos como protagonista, como asistente en los goles de Valeri -preciosa pared entre ambos- y en el de Menéndez, que aprovechó un error de Rivarola en el arranque de la jugada. Fue eso. Y eso fue suficiente. El esfuerzo del rubio delantero, más importante por las ganas que por la resolución de sus ideas; la movilidad de Diego González, ubicuo, criterioso y sencillo para entregar la pelota; la sociedad entre Valeri y Lagos por la izquierda, punzante, temible en esos (pocos) estallidos.
Estallidos que generaron goce, pasión, una tremenda confianza de cara a lo que sigue. Y que dejan a Lanús en la punta, con méritos, habiendo guardado jugadores, pero con lagunas que deberán corregirse a tiempo para evitar seguir creyendo que el verano no termina en unos días, que la lluvia no existe y que Sand y Menéndez son mellizos. En todo sentido.



SAN MARTIN(T) 1 ESTUDIANTES 0

AIRE FRESCO
San Martín desperdició muchas situaciones y el final fue dramático. Ganó bien y hubo fiesta: dejó la zona roja.
El cabezazo de Alayes que dio en el travesaño y picó cerca de la línea marcó el momento de mayor dramatismo en el partido. San Martín había jugado como para ganarlo tranquilo, pero desperdició tantas situaciones que terminó sufriendo. En el borde en la tabla de promedios, con esa pelota de Alayes que quedó apenas afuera, el equipo tucumano logró pasar del descenso directo a salir incluso de la Promoción. Así de fino es el límite que define la situación y el consecuente estado de ánimo de los comprometidos en ese sentido.
Fue una noche de fiesta -y desahogo después de la angustia- en la Ciudadela porque la victoria significó todavía más que los tres puntos para salir de la zona roja. Fue, para San Martín, el apuntalamiento necesario para creer en la permanencia en Primera. De los cinco partidos de este torneo -el de Godoy Cruz lo tiene pendiente- sumó en cuatro. Y sin renunciar a un estilo de juego marcado por el juego prolijo, el toque a ras del piso, la apuesta ofensiva. En este caso dominó a Estudiantes en casi todo el partido.
De Muner en el fondo, Cantero en el medio y Saavedra en la marca y el desequilibrio resultaron los puntos más altos de un equipo que generó situaciones antes y después del 1 a 0 de cabeza de Villavicencio. Con Canío enfocado, el partido se hubiese terminado mucho antes. Perugini clavó un derechazo en el palo y Andújar le tapó un mano a mano a Pérez Castro. Por eso tuvo que sufrir San Martín...
Estudiantes fue una sombra del equipo acostumbrado a protagonizar partidos y torneos en los últimos años. Con un 4-4-2 demasiado rígido, salió a esperar y no logró controlar la pelota. Menos generar situaciones: un error de los centrales dejó mano a mano a Lentini, la única del primer tiempo. Y en los últimos minutos intentó llevárselo por delante, con poco fútbol y mucho desorden, con Alayes como delantero hasta asustar con ese cabezazo al final.
San Martín lo dominó en el primer tiempo y más todavía en el segundo, con el ingreso de Patricio Pérez: le dio la pausa y la inteligencia necesaria para capitalizar la superioridad en el juego y manejar los contragolpes. Le queda pendiente solucionar el déficit en la definición a San Martín: si la de Alayes picaba adentro o si Estudiantes lo empataba en el barullo del final, se cancelaba la fiesta.



GIMNASIA LP 0 TIGRE 1

¡NIETO 'E TIGRE!
El Lobo ve al Matador y llora: perdió los cuatro partidos desde que el team de Cagna volvió a la A. Ayer lo volvió a hundir en descenso
Este Gimnasia que persigue el objetivo de mantenerse en la elite sabe que su camino será oscilante. En lo deportivo y en lo emocional. Por eso de llegar con la ilusión de subirse a la punta del Clausura, el hincha se fue preocupado y otra vez en descenso directo. Y ayer recibió una zancadilla no previsible, pero sí lógica. Deben ponerse en duda las teorías sobre las casualidades si un equipo te gana los últimos cuatro partidos, todos desde que el rival volvió a Primera, y si un sólo jugador te convierte más de la mitad de los goles (cuatro de siete) que te metieron en esos encuentros. Porque Tigre volvió a ganarle al Lobo. Y Martín Morel volvió a gritarle en la cara al Tripero. Sí: un nieto para dos abuelos.
El gol llegó por culpa de la única (y fatal) combinación de desajustes de Gimnasia, que hizo más que el rival para ganar pero se fue vacío: error de Agüero en la marca de Luna, Morel es derrumbado por Ormeño cuando se iba al gol, y el propio 10 del Matador le dio a lo Cristiano Ronaldo, aunque esa folha seca no atenuó la responsabilidad de Bangardino, el reemplazante de Sessa, a quien la pelota por poco le pega en la cara y ni así se dio cuenta de que le llegaba.
Gimnasia, empujado por la patriada de sus próceres y un pueblo que apuesta fuerte por bancarlos, se acomodó mejor en el segundo tiempo (después de un primero que, salvo por un par de cabezazos del Pampa Sosa, se contaminó con el fútbol putrefacto en ambos) a partir de la buena lectura que hizo Madelón para los cambios: el costado derecho de Tigre, con Jerez y Rosano, fue el que más trabajó y terminó cansado. Y por ahí, con Cuevas e Iriarte, volcó el juego dominante en posesión pero infértil en concreción: mientras el plan sea buscar con centros a Sosa o a Alonso (que está peor que el Pampa), dependerá de que los centrales rivales se equivoquen para generar peligro. Sucedió así en la etapa inicial (cuando Islas se hizo grande), pero en el complemento Paparatto y Fontanello se acomodaron y ya no hubo riesgos. Por eso la sensación de peligro del Lobo se limitó a los gritos de los hinchas pidiendo penal en cada roce en el área y en algún zapatazo de Ormeño, que el arquero visitante conjuró.
Enfrente, y ahí las rarezas del fútbol, los cambios de Cagna no funcionaban, hasta que se encendió Morel, cazó una pelota suelta y después terminó de darle forma a este ritual que tiene por costumbre Tigre desde su regreso a la A: amargar a Gimnasia...



AL OTRO LADO DEL ATLÁNTICO

HEINZE POLEMIZA TRAS EL DESASTRE

Heinze no ha entendido de jerarquías, algo tan manido en el fútbol argentino. La derrota en Champions League ante el Liverpool ha hecho estallar el vestuario blanco, algo genético en la identidad de los merengues. Alejados del FC Barcelona en Liga y sin opciones de sumar ningún título en otras competiciones, parece que la hoguera ha comenzado a quemar los cimientos del equipo de Juande Ramos.
Sobrevalorado por la importancia del escudo que defiende, ha emergido Gabriel Heinze, el dueño de la parcela más inestable del once de los madridistas desde que Roberto Carlos buscó el retiro en Turquía. Como se dice por aquí, “cada vez que habla sube el pan”. El de Entre Ríos, en rueda de prensa posterior a la catástrofe en Anfield Road, aseguró que le daba lo mismo perder por uno que por cuatro, que lo que quería era pasar la eliminatoria. Casillas, uno de los pulmones anímicos del cuadro blanco, rápidamente le replicó que estar en el club madrileño implicaba salir a ganar, o, de perder, hacerlo dando buena imagen y no recibiendo una goleada que cinceló los anales históricos de los ingleses. Como el meta piensan muchos, sobre todo los de siempre, los aficionados, acostumbrados últimamente a desperdiciar oportunidades y equilibrar su balanza de méritos soñando con realidades ajenas.
Heinze, que cumple su segunda campaña en el Real Madrid, ha encontrado su lugar pegado a la cal, en la banda, una zona donde multiplica sus carencias; no es veloz, abusa de la dureza y, son rivales de entidad, pierde su notoriedad. En el centro del fondo, donde puede hacer más, no tiene sitio. Cannavaro, el culmen de la lentitud, y Pepe, un brasileño incapaz de jugar centrado, le quitan el puesto. Claro indicador, esto último, del nivel que muestra el ex de Newell´s. Su paladar sobre el césped ha perdido tino y no pasa de acariciar la espesura en la que han encontrado aposento sus compañeros. La verdad es que pocos destacan en el estado esquizofrénico en el que se mueven. Ante el Liverpool, más allá de Casillas –evitó una goleada grandiosa- solamente el doble pivote con Gago y Lass Diarra se salvó. Su trabajo físico, exponencial en relación a sus compañeros, no tuvo el premio deseado. Heinze espera. Poco más le queda.

ARSENAL 0 CENTRAL 5

LA VIDA ES  COLOR DE ROSA
Revolución Mostaza: Central fue contundente, le salieron todas, goleó en Sarandí y salió de la Promoción, al menos hasta esta tarde. Y eso que al DT le tiraron flores.
La camisa de Mostaza, y la nueva vida de Central, es color de rosa. Si ya había generado un impacto el debut de Merlo (3-1 a San Lorenzo), esta goleada de visitante provocó un cambio de ánimo determinante en la mitad de Rosario que sufría y se hundía y en este momento festeja y se ilusiona con mantener la remontada. El haber quedado fuera de la zona de Promoción, al menos hasta esta tarde, funcionó como una confirmación del color más amigable que domina la actualidad de Central.
Que los próximos rivales de Mostaza tomen nota: las flores no parecen ser eficaces para darle mala suerte. Se las tiraron en el banco antes de comenzar un partido en el que a Central le salieron todas. Los jugadores, rápido, entendieron el sello que el técnico intenta imprimirle a sus equipos: bien agrupado en defensa, con las dos líneas de cuatro juntitas y rápida salida en ataque al recuperar, casi de contra, con tres o cuatro toques y a lastimar en el área contraria. Esta última parte salió impecable: la contundencia de Caraglio en el primer tiempo y la llegada al gol de dos volantes en el segundo (Méndez y Moreno y Fabianesi) confirmaron la goleada cuando faltaba media hora de partido... y sobre el final redondeó Vizcarra. En el aspecto defensivo, en cambio, mostró algunas falencias llamativas en un team de Mostaza: en especial por el sector derecho, porque Lima quedaba pagando y Braghieri salía a destiempo. Carreras ganó por ese costado pero Arsenal le faltó puntería para aprovecharlo, en parte por fallas en el momento de definir y por la buena actuación de Broun, clave en el primer tiempo. El equipo de Garnero, en cuanto al estilo, resultó la contracara de Central: trató de buscar los espacios, tocó con paciencia, fue demasiado tibio a la hora de lastimar. Adelante, dependió demasiado de Leguizamón.
Fiel a su forma de ser, Merlo no festejó los goles: aprovechó para dar indicaciones a la defensa. Y únicamente se mostró molesto al pedirles a los laterales que salieran con pases largos por las bandas. Un equipo de Mostaza no convertía cinco goles desde el 17 de noviembre de 2005: River 5 - San Lorenzo 1. "Se dio así, metimos los goles y después lo pudimos definir de contra", aseguró, medido como siempre. "Hay que trabajar mucho, recién llevo cinco o seis prácticas", esquivó al ser consultado por el furioso arranque de su ciclo, ocho goles en dos partidos. Aunque no pronuncie la frase célebre, el paso a paso mantiene su vigencia. Pero, para Central, la vida ya tiene otro color.




GIMNASIA(J) 4 INDEPENDIENTE 1

CELESTE Y BLANCA
Independiente volvió a perder la memoria: de ganarle a Boca pasó a ser golpeado por un Lobo jujeño implacable. Aunque sigue en zona de descenso directo. Los de Avellaneda suman cuatro derrotas consecutivas como visitantes.
Independiente, por su historia, siempre está obligado a pelear el título. Gimnasia de Jujuy, en cambio, desde la humildad se dedica a luchar para zafar del descenso directo y/o Promoción. Pero si algún paracaidista vio el partido de ayer en la Tacita de Plata, no podría entender cómo el Rojo podría tener esas aspiraciones y cómo el Lobo está tan delicado con el promedio. El local parecía un Fórmula Uno veloz, ordenado, asfixiante, prolijo, profundo, ganador. El equipo de Santoro lucía como un Fitito con GNC que se empieza a destartalar cuando cruza la General Paz. Ya había sido pobre lo de Independiente en Tucumán (0-3) y triste la actuación al visitar al Lobo platense (0-2). Y lo de ayer, ¡un horror! No se entiende porqué difiere tanto el juego que despliega al recibir a Racing y a Boca, por ejemplo, de su rendimiento pasando los 60 kilómetros de la Capital Federal.
Hubo méritos del local que ayudaron para hundir al Rojo, porque rodeó al Rolfi, con Mateo como abanderado, y le cortó el circuito a Independiente. Anulado Montenegro, no había quién tomara la conducción, faltaba alguien a quién no le quemara la pelota. Ledesma fallaba hasta un pase de un metro, Mancuello no aparecía, Mareque no se proyectaba (cuando lo hizo, perdió), Moreira se preocupaba por tapar los errores de Ledesma. ¿Pusineri? Nada. Y así el Rojo no avanzaba y Sosa y Mazzola estaban más cerca de la mitad de la cancha que de Pezzutti. Encima, Ledesma colaboraba para que el Lobo se pusiera en ventaja con una macana infantil: el volante se desligó de una pelota que estaba en el aire, miró al rival, la bocha le pegó en la espalda y se la dejó servida a Cahais para que definiera. Guillermo Rodríguez también fue solidario con el rival: Ricky Gómez llegó a la línea del fondo, amagó con tocarla al punto del penal, el central se comió la avivada del 10, que se la terminó dando a Ferradas. ¿Cómo reaccionó Rodríguez? Levantando la mano, pidiendo offside cuando había sido un pase atrás. Estaba totalmente fuera de concepto. ¿Soluciones? Santoro las buscó haciendo dos cambios estando ya 0-2: volante (Gavilán) por volante (Ledesma) y enganche (Higuaín) por delantero (Sosa). Pero esa búsqueda no sirvió de nada, porque tuvo más la pelota, es verdad, pero Gimnasia siguió siendo el único dominador: Gómez y Busse estuvieron terribles; Ferradas y Arraya, incontenibles. La presión funcionó y dio frutos. Y la gente disfrutó con el "uy uy uy uy, están bailando con Gimnasia de Jujuy".
El Rojo salió a dar otro paseo por el Norte. Sufrió una ciclotimia futbolística. Y sí, fue a hacer turismo.