¿Queres Participar del Blog?
Envianos tus sugerencias a: infoclausura2009@gmail.com, infoclausura2009@gmail.com
Mostrando entradas con la etiqueta Banfield. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Banfield. Mostrar todas las entradas

BANFIELD 2 ARSENAL 0

LUCCHETTI SOLOS...
Burruchaga tocó el equipo, pero el fútbol no apareció. Sí lo hizo el arquero, que metió los dos penales (uno inexistente y otro polémico) que le dio el árbitro Ruiz.
¿Así que hacía falta una demostración de mano dura? Bueno, acá tiene: Bertolo y Bustamante al banco, el niño Pio que dicen que era su pichón intocable, también afuera. Es cierto, fue apenas una pincelada la que dio el técnico Burruchaga, pero le dio resultado. De esta manera, Banfield pudo sacarse el molesto polvo de una semana de peleas internas, de silencio colectivo del plantel y de malestar general en el club.
Debe ser difícil saber sobrellevar la pesadísima cruz que significa venir de capa caída, de derrotas duras, como las que arrastraban tanto Banfield como Arsenal, de dudas sobre el futuro del técnico, como en el caso del local. Se notó que fue demasiado lastre para intentar jugar un poquito al fútbol. Se prestaron la pelota, la dividieron, ninguno de los dos fue capaz de hilvanar siquiera una humilde y tan preciada pared. De hecho, si el árbitro Javier Ruiz no hubiese inventado un penal absurdo seguramente se habrían ido al descanso sin goles. ¿Por qué? Porque sin Bertolo el Taladro no tuvo una usina de fútbol, por más que al volante le achaquen que "no corre". Erviti, el otro con las características necesarias para ser el eje, fue tan intermitente que casi se apaga del todo... Y el pobre Raymonda todavía está en ablande, luego de que le hicieran el motor con la operación de ligamentos. Va despacio.
Del otro lado, la mano no fue muy distinta: el 4-4-2 de Garnero bien podría traducirse en 8-2. Sí, todos a defender menos Leguizamón y Matos, que estuvieron demasiado lejos, aislados. Pellerano tuvo una pequeñísima gota para armar algo decente, pero le faltó un socio, porque Marcone estuvo más para correr y ensuciar que para mostrarse. Qué pobre...
De todas maneras, y pese a esos raros penales de Ruiz (sí, en el segundo tiempo dio otro conflictivo que Lucchetti volvió a meter), Banfield mereció irse con un poco más. Sobre todo porque cambió el espíritu: volvió a carecer de juego como ante San Lorenzo, pero esta vez al menos hubo cierta rebeldía para empujar, para ir a los tumbos, para tirarse al piso y dejar en claro que la crisis interna se había quedado dentro del vestuario. No es poco, pero deberá mejorar mucho, mucho...

*LAS IMAGENES

SAN LORENZO 3 BANFIELD 1

LA MEJOR DEFENSA
No, San Lorenzo no rompió su racha y sigue sin terminar con el arco en cero. Pero la mejor noticia se la dio el fondo de Banfield: falló grande y simplificó la victoria
A veces, sólo a veces, la realidad deja en ridículo a los técnicos y sus delirios persecutorios, sus jeroglíficos misteriosos y sus temores ocultos detrás de maniobras inútiles y esquemas telefónicos sin tono. Anoche, Jorge Burruchaga jugó al espía con la formación del equipo, al extremo de demorar la difusión de los once titulares con la convicción de que la martingala más propia del 007 que de un entrenador le daría la llave del partido. Pero Miguel Russo, con menos vueltas, apenas tardó unos minutos en ordenar a sus volantes externos (Rivero y Alejandro Gómez) que jugaran bien abiertos, a espaldas de los laterales-volantes rivales que quedaron a media agua como todo Banfield, que jamás se logró acomodar a un dibujo que le permitiera salir del lodazal.
El resto es obra de los jugadores del Taladro, que hicieron su parte como para que el partido fuera una goleada conceptual, más allá que el resultado real no refleje la comodidad con la que transitó San Lorenzo una de las noches que parecía ser de las más complicadas del semestre. El Ciclón edificó su dominio desde los costados hacia el centro, con cambios de frente constantes de Rivero para Aureliano o el Papu, o de éstos hacia aquél, y con la movilidad de los puntas y el control de juego que le daban Adrián González y Ledesma parecía haber un solo equipo en la cancha. Pero el local no lograba la precisión necesaria para el pase quirúrgico que dejara a un delantero cara a cara con Luchetti. No había caso. Hasta que de un centro roto por un despeje la pelota le quedó a Bottinelli, quien envió un centro pasado, de los de resolución fácil. Encima, fueron dos defensores, pero Víctor López y Bustamante se molestaron entre sí, y el rechazo corto le quedó a Aguirre, quien definió con un puntinazo certero.
San Lorenzo ya tenía la noche resuelta, porque Banfield ni siquiera tuvo la claridad mental de probar de lejos a un arquero de estreno que jamás fue probado, salvo por una salida rápida a los pies de Fernández. Lo más peligroso del Taladro era su propia defensa, que volvió a pifiar (esta vez Dos Santos) para regalarle el gol a Bergessio. El segundo tiempo sólo sirvió para ver el golazo del Papu Gómez, para que la gente del Ciclón combatiera el fresquete a puro aplauso, y para que Banfield siguiera persiguiendo su propia cola. Y todavía no la alcanzó.



COLON 2 BANFIELD 0

SE HIZO LA RABONA
Colón no faltó a la cita, sino que siguió el rumbo marcado por el Turco, que tiró chiches en el banco: con ideas claras, superó a Banfield sin inconvenientes y va...
No es humo. El habano de Mohamed descansa lejos del banco que ya es hogar del entrenador. Sin embargo, su impronta brilla, trasladada a su formación. Entonces es esa rabona ensayada por el Turco en el minuto 23, para devolver una pelota, la que delata de qué la va Colón. Ahí está la búsqueda, en el deleite. Por eso no le cuesta nada sacarse de encima a Banfield, luego de ponerse en ventaja de tanto insistir, para decorar luego la faena con el golazo de Acosta. Está bien encaminado, Colón. Si alguien tiene dudas, que le pregunta a Burruchaga...
Ni siquiera las pretensiones de jugar con dos enganches y dos delanteros favorecieron a Banfield. El más clásico 4-3-1-2 dispuesto por Mohamed se llevó el premio a la efectividad, sostenido por Ferrero y Goux, devoradores de rivales en la cueva y un poco más adelante también, y, a la vez, por Capurro, león del mediocampo. Tamaña eficiencia le dio aire a Acosta para demostrar por qué viste la casaca 10, y a Oyola, Pony pisador. Demasiado para los dubitativos volantes de Banfield y sus descolocados defensores. Desde abajo, Víctor López pareció un principiante al marcar a Goux en el primer gol, mientras que Nasuti quedó pagando en el segundo y luego se fue del partido. Más arriba, Bertolo y Erviti no fueron más que sus intenciones de jugar lindo. Sin ellos en sintonía, Banfield quedó librado a la buena de Dios. Y, sin méritos propios, no contó con ninguna ayuda divina. Así le fue. Firme en sus convicciones, la visita sólo atinó a ver el lento pero constante crecimiento de Colón, plasmado en su segunda conversión, con gambeta y gran definición de Acosta. Y a otra cosa. Ni el Sabalero aceleró más de la cuenta ni Banfield supo cómo revertir la situación, dejando que el partido se le escapara casi sin proponer duelo.
Por eso la rabona del Turco es el símbolo sabalero, en contrapunto con la pasividad del rival de turno. Es así que la preocupación de Colón por ser prolijo e incisivo lo ha catapultado a las altas cumbres del Clausura, amparado en una columna vertebral inquebrantable. Este equipo no vende humo. Su juego está a la (regocijada) vista del mundillo futbolístico. Bienvenido sea.




BANFIELD 3 CENTRAL 1

RÁFAGA MONUMENTAL
Banfield encontró en tres minutos todo lo que se le había negado en el partido con River. Así liquidó a un Central que sigue en caída libre en la tabla de promedios.
En tres minutos se puede lograr lo que no se consigue en 90. Se puede cambiar impericia por contundencia, desconcentración (Pompei mediante) por atención e infortunio por suerte. Banfield lo hizo. Transformó el mal resultado en el Monumental en la ráfaga que tuvo a partir de los 42 del primer tiempo: un gol en contra de espalda-nuca, la expulsión de Zarif (dos faltas a Bertolo), el cabezazo de Bertolo y partido definido.
Lo paradójico del caso es que Banfield tuvo menos volumen de juego que la semana pasada. Sin embargo, del otro lado se encontró con un Central que combinó su andar cansino con una propuesta ofensiva que fue reprobada por su propia gente. El gol de Burdisso fue un milagro para un equipo que se repitió sistemáticamente con pelotazos frontales, que tuvo a un abnegado Caraglio que pedía en la primera etapa que le dejaran una bola al pie, que no encontraba sociedades en los escasos intentos del Equi González y que, encima de todos los pesares, quedó por debajo de Gimnasia LP en los promedios.
Lo que no se puede discutir es la legitimidad del triunfo de este Banfield que con un 3-3-2-2 se para desde el comienzo con la vista en el arco de enfrente. El tema es que no siempre logra progresar en el campo como consecuencia del juego asociado. Los laterales-volantes eligen el bochazo antes del toque y paso, de modo que abren poco la cancha. Erviti tira muchos firuletes, pero en la línea del mediocampo. Y cada jugada de Bertolo mide unos 30 metros, ya que abusa de la tenencia. Claro que es tan determinante en la marcha individual que, mientras lo miran de afuera, es el más determinante adentro.
Los goles le dieron aire y espacio a Banfield. Ya no se vio ese partido cerrado que en otros tiempos plantearon Burruchaga y Alfaro en un Arsenal-Quilmes. Los contraataques fueron una invitación para el local. Así, con todo el panorama, llegó la bomba de James Rodríguez Rubio, y Broun apenas la pudo mirar desde la sombra del arco. A Central no le quedaba tiempo ni para pelear con su amor propio ni para festejar el descuento. Le costará salir de donde está con partidos como el de anoche. En cambio, el Taladro, se trepó a la pelea. ¿Y qué pasa si sigue con esta ráfaga?

RIVER 2 BANFIELD 0

DE PUNTA PARA RIVER
¡¿Qué último?! Con un tiro libre polémico de Abelairas y una asistencia de caño de Fabbiani para Falcao, el equipo de Gorosito está primero. Pero otra vez jugó flojo y la figura fue Ojeda.
El Cholo Simeone dijo que el equipo iba a aparecer en la quinta fecha. Se supone que se refería al torneo pasado. O quizá lo suyo fue una profecía de lo que sería este modelo 2009 que juega como puede. Y puede, como se ve, ganar sin el afán de respetar los preceptos que históricamente reclama la San Martín. ¿Cómo? De punta para arriba. Para River.
Para un River que transmuta por la bipolaridad, lo de ahora es euforia. El ganar genera el efecto de esas píldoras (¿azules?) que levantan los ánimos de la dama y el caballero. Van dos al hilo, la misma cantidad que en todo el Apertura. El qué, entonces, se festeja con los ojos tapados mientras se espera la resurrección del cómo.
No tener la pelota es, acaso, el mayor de los pecados que puede cometer un equipo que se predispone a ser protagonista. Y River jugó ayer varios partidos posibles, pero en ninguno de ellos hizo bandera de la posesión. Esta incomodidad fue por carencias propias -falta de movilidad y ciertas posiciones desfavorables como la de Buonanotte, partiendo casi como gemelo de Ahumada- así como por los aciertos de un digno rival que lo obligó a saltar la presión con el pelotazo y a dividir en la zona en que Gorosito promulga el pase seguro. El toco y paso, en cambio, lo vio de a ratos en la combinación de empeines de Erviti y Bertolo, una pesadilla para Ferrari-Augusto.
Pero buscar la identidad ganando es más fácil. Fácil para pensar el próximo partido, fácil para ver el video de ayer y fácil para no sufrir en la repetición de la tapada de Ojeda -al ex Boca- que podría haber cambiado el sentido de la tarde. Porque River no fue ancho ni profundo. No desequilibró como consecuencia del juego asociado sino que, a ciencia cierta, lo hizo a partir de la causa que abrió Pompei con su dudoso gesto. Bueno, tal vez se defendió bien. Tampoco. En el primer tiempo, Banfield le encontró más agujeros que un queso gruyere a las espaldas de Augusto y Ferrari. En el segundo, le perdonó la existencia con las bonificaciones en las pelotas paradas. Más: el Tano Nasuti no jugó, y se olvidó las piernas del Diego del 94 en la publicidad. Gerlo se las quiso poner dos veces al salir jugando y sumó más (in)seguridades. ¿Entonces? Pues River resultó 100% efectivo, lo que no es poco. Y se acomodó, sin excesos de pudor, a buscar el contrapie del rival. Tambien exploró la punta izquierda que no había visitado en los primeros partidos. Recuperó otras esencias como la pegada de Abelairas y el despliegue de Ahumada que, con todos los títulos atroces que se le quieran meter, sigue siendo fundamental en el andamiaje del equilibrio. Y la entrega incansable de Falcao. Y van 466 palabras y aún no se nombró a... Fabbiani. Es cierto. ¿Cuánto tendrá que ver en esta historia? En la semana es Sportivo Verborragia. Los domingos juega para Club Atlético voy-a-entrar-e-inventar-algo. Es el que le prestó a River este nuevo momento de optimismo. De punta para arriba. Pero en la punta, al fin.


BANFIELD 1 ESTUDIANTES 0

TE DIBUJO UNA ILUSIÓN
Con tres en el fondo y Bertolo y Erviti de doble enganche, un Banfield remixado jugó bárbaro pero falló en la red. Tiene magia, pero lo salvaron Nasuti y Lucchetti.
Las películas nos han enseñado, plagiándose densamente entre sí, el repetido destino de un extorsionador: la muerte. Apenas iluminado en un cuarto oscuro, el extorsionador le pega a su víctima, se le ríe al verla atada, la tajea con un cuchillo que jamás será mortal. En algunos casos, encima, hasta le cuenta su plan. El extorsionador se siente un dios, un rey, como Banfield ayer, pero el balazo no llega nunca. Sangrientos amagos, sufrimiento, pero la víctima, al fin, sigue viva. Y aunque Estudiantes no haya podido escaparse en el Sur, Banfield lo dejó respirando de más, gozando, enamorado, de su poder. Nuestros aplausos para el remixado equipo de Burruchaga, hermoso el juego que nos dio, pero que alguien anote: demasiada misericordia, demasiado perdón.
Banfield fue otro y fue, a la vez, el mismo del 08: con un esquema nuevo (tres atrás, tres en el medio y Bertolo y Erviti, libres, de doble enganche), volvió a sufrir ante la red. En el ganador no hubo un orden conocido, fácil de ver. Erviti arrancó por la derecha, tocando corto, de primera, a Bertolo o a Pio, a quienes siempre tenía ahí (Iberbia y Díaz nunca entendieron cómo había tantos rivales en su sector), y al minuto ya estaba en la izquierda. Bustos achicaba bien, Bustamante y Pio se cerraban para ayudarlo, Bertolo y Erviti volvían con velocidad, y cuando la pelota salía rápida Alayes y Desábato tenían que alejarse demasiado por un Fernández insoportable, inquieto, letal. Irreconocible Estudiantes, para colmo, sólo buscando con centros, sufriendo el toque, la presión. El gol, injustamente único gol, nació de un robo de Bertolo a Matías Sánchez, la pared con el uruguayo y su derechazo cruzado, goleador.
Hace casi un torneo, por la tercera fecha, Banfield le ganaba 2-1 al River campeón de Simeone jugando como lo hizo ayer. Entonces tentaba escribir que tenía gruesos puños para pelear, lo mismo que hoy, pero el torneo siguió y Banfield fue lo que fue: una lágrima. Ahora parece, al menos, que a la defensa se la verá más segura, más blindada, y que acaso Silva (erró un mano a mano y fue demasiado generoso en otros dos) ya no aplauda y que prometa, en serio, que los goles van a venir. Que no siempre debe buscarse el grito inmortal. Que no siempre Lucchetti tendrá la doble atajada del final. Que Banfield alguna vez tendrá que disparar, a sangre fría, sin preguntar.


GODOY CRUZ 1 BANFIELD 1

UNA DE IBAÑEZ MENTA
Banfield vivió una película de terror. Tuvo todo para ganarle a Godoy Cruz: Silva inspirado, buen juego colectivo y un penal sobra la hora. Pero apareció Nelson y...
 
Raro. Y bastante fulero. Banfield pisó el Malvinas Argentinas, fue visitante con todas las letras, y jamás se asustó. Pero cuando caía el sol y tenía el triunfo en sus manos (o, mejor dicho, en los pies de Lucchetti), terminó de vivir en Cuyo una peli de terror. Una de Ibáñez Menta...
Fue más el Taladro. De principio a fin. El 3-5-2 de Burruchaga, quien siempre había perdido ante Godoy Cruz en Primera, resultó más ofensivo de lo que sus antecedentes entregaban. Salió a buscarlo de entrada. Ahora sí, tenía con qué. El debutante Silva estaba on fire. Se hizo, desde el vamos, eje de un ataque de movedizos que comenzó por hacer figura a Ibáñez aprovechándose de un Febo que le jugaba en contra. Aunque sus planes debieron reacomodarse luego del zapatazo que Sigali embocó tras córner de Encina. Los centrales de Banfield todo lo permitían...
Por suerte, de mitad de cancha hacia arriba, la historia de Banfield era muy distinta. El 1-1, obra de arte colectiva, fue un claro ejemplo. El charrúa Fernández movió la cintura por la izquierda (zona liberada de Tomba entre las dudas de Vallés y las subidas del Sapito) y tocó adentro, donde Erviti asistió de taco para el montevideano Silva. Mano a mano, sabia definición. La única que Nelson Ibáñez no podría detener...
El esquema de Godoy Cruz parecía prometedor. Aunque Figueroa no terminaba de enganchar nunca, sus puntas no acababan por exprimir a los del fondo y Lucchetti, así, tenía todo el tiempo del mundo para pensar en un final feliz. Ese 4-3-1-2 no conformó. Y Banfield fue por su Oscar. Basta de ser actor de reparto. Bertolo pasó a carrilear por derecha y Erviti fue el mejor enlace para la dupla que cruzó el charco. Pero Fernández se llevaba la bola por delante y SS no encontraba su doblete.
Parecía que Burru compraba el punto. Parecía. Movió bien el banco. El regresado Raymonda guardaba la pelota, el cafetero James Rodríguez se tiró de mediapunta y Broggi aguantaba los trapos. Hasta que el guión comenzó a quemarse. En la hora, Rodríguez abrió con Broggi, quien ganó el área y se dejó foulear abajo por Ibáñez. Penal para Lucchetti, un especialista que, de tanto soñar, no rompió el arco y pensó en colocarla junto a un palo. Ibáñez se jugó la vida. Y también se la perdonó al Laucha evitando la contra. Vaya the end...