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Mostrando entradas con la etiqueta River. Mostrar todas las entradas
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AL OTRO DEL ATLÁNTICO

RADAMEL, CHAMÁN DE RIVER

Recuerdo la respuesta: “Falcao García, un pibe colombiano que está empezando”. Eso me dijo el taxista cuando le pregunté la causa de una cantera tan ineficaz, el porqué de no haber, en aquel River que creo entrenaba Mostaza Merlo, jugadores que dieran consistencia al trabajo en los viveros del club millonario. Me habló de este muchacho y, pese a saber que no fue forjado en la simiente del club capitalino, me dijo que era el joven que más prometía, que mejor otorgaba sustento a un equipo, ya de aquella, lastrado por las urgencias. Hablo de octubre de 2005. Íbamos hablando de fútbol, como siempre. Él era seguidor de Platense y a mí me gustaba hablar de fútbol –nunca lo he dicho aquí, pero soy seguidor de Osasuna y ahora no estamos para lanzar cohetes-.
Me hablaba de Boca: “el único que parece jugar algo” insistía. En aquella plantilla estaban en plenitud Palacio o Bilos, que a mí, aún me siguen encantando aunque, por las lesiones e escondites de la vida están desaparecidos –ahora se habla desde acá que Palacio tiene algo con el Betis-. Todo era caótico futbolísticamente allá; sin equipos referentes de calidad, con nervios, tensión y la irrupción de Agüero en aquel Independiente en el que aún no se jubilaba Fernando Cáceres, el central con historia en Valencia, Zaragoza o Celta. Me sorprendió el Kun. Lo ví ante el Colón de Santa Fé en aquel campo decrépito que ahora vive orgulloso su resurrección. Le puso fajín al colorado Lussenhoff con aquel gol que daba el empate a los rojos. Ver ese partido, regresar al hotel por las calles que rodeaban al recinto sin iluminación y memorizar al nombre de Sergio Agúero, lo más destacable.
Más allá de recuerdos nostálgicos, sigo hablando de Radamel, el único, parece, que sigue sintiendo los colores del River, que sufre ante el desconcierto histórico que asuela a un club que quiere levantarse tras el ridículo del ejercicio anterior. Su partido ante el San Martín –un equipo de medio pelo- aunque no digno de calidad, es preciso distinguirlo por su actitud y ambición. Su ansia de enfundarse a la grada en su camiseta, de explotar con un penalti que sonaba a título… en fin, Radamel es, ahora, River. Su enfermedad en vena que implica llevar la sangre millonaria le extingue como una especie a conservar. Fue vital su aportación pero más vital es su consistencia. Con Simeone –valiente decisión la suya de abandonar el barco aprovechando el último salvavidas-, Pasarella o quien quiera que esté, el colombiano es el buque insignia de un equipo que, visto lo visto, debe construirse desde abajo, con un portero más convincente que Barbosa, suplente de los suplentes en cualquier equipo de ascenso.

RIVER 2 SAN MARTIN(T) 1

EL GALLINA DE HUEVOS DE ORO
Falcao fue el abanderado de la reacción de River y le pidió a Gallardo la pelota más caliente del partido, la del penal: lo metió para quedar a un puntito de Lanús.
Mirá los huevos que tiene este pibe que me viene a pedir el penal en el último minuto". La frase nació de boca de Marcelo Gallardo hacia los oídos de un Diego Barrado testigo del momento más caliente de la tarde. Con el Monumental en ebullición y con los jugadores de San Martín ladrando y haciendo cuernitos, Falcao se acercó al Muñeco y le dijo que quería hacerse cargo del tiro del final. Merecía ser el héroe del triunfo y asumió el riesgo de fallar en una responsabilidad que no le correspondía. Pero no falló. Con apenas unos pasos de carrera, acomodó el tiro contra un palo y desató la locura. La de los hinchas y la propia, saltando los carteles, besándose la camiseta y gritando el gol con tanta furia como la entrega que había dado durante más de 90 minutos.

No falta mucho para que los hinchas empiecen a ovacionar a Falcao. Por su actitud en la cancha, por su entrega, por su garra y por su incansable corazón. A cuatro años de su debut en Primera (se cumplieron el 6 de marzo), el colombiano llegó a un punto de maduración que lo distingue del resto. Es un nueve que no vive en el área listo para empujar la pelota, tal vez por culpa de que sus compañeros nunca le generan una situación así. Por eso, va a los costados, se retrasa unos metros, se esfuerza en cada centro y gana en lo alto, no por estatura sino por su gran salto, como pasó seguido ante los tucumanos. Hace amonestar a los rivales (Pérez Castro y De Muner) y se banca una amarilla injusta porque no simuló: fue un claro penal el que le cometieron en el inicio del segundo tiempo.
Ya tiene admiradoras que lo idolatran como Marta Gallardo -la hermana del Muñeco- que paró a Falcao a la salida del vestuario y se llevó una foto guardada en el celular de su papá Máximo. Y así como hay hinchas que lo ponen entre los elegidos, los propios compañeros del delantero también lo destacan y hasta Gorosito asegura que el colombiano es uno de sus indiscutidos. "He crecido muchísimo en este último tiempo y trato de transmitir con juego y ganas", responde ante los elogios, evitando el autobombo. Entonces, prefiere contar que le pidió el penal a Gallardo "porque el técnico nos da libertad para elegir y yo me sentía con mucha confianza. Marcelo es un gran profesional, me vio con ganas y me lo dejó. Eso demuestra la calidad del grupo".
El grito desaforado del gol fue el desahogo de tanto esfuerzo acumulado, de tanto huevo que puso durante el partido y que él sentía que no había sido suficiente para lograr un triunfo clave tanto para ponerse a un punto de Lanús como para recuperarse de la derrota en la Libertadores y de la mala imagen que había mostrado en el primer tiempo de ayer. "Para nosotros era muy importante ganar. Y por suerte lo pudimos conseguir sobre la hora", explica el emblema de la reacción ante San Martín, el abanderado (junto con Ahumada) de cómo se debe sentir y defender la camiseta de River. Ese es Falcao, el gallina de los huevos de oro.

LOS PARTIDO DE HOY

TIGRE Vs. BOCA
RIVER Vs. SAN MARTIN(T)
HURACAN Vs. LANUS
COLON Vs. SAN LORENZO
ESTUDIANTES Vs. RACING

VELEZ 1 RIVER 1

EL MUÑECO Y EL PRINCIPE
Villagra se vistió de Gallardo y López imitó la chilena de Francescoli. River y Vélez empataron, y sacaron conclusiones positivas: van a pelear el campeonato.
ARRIBA: 0-1, Villagra y un Gol, al de Gallardo a Arsenal)
ABAJO: 1-1, Hernán Rodrigo López y un Golazdo a lo Enzo)

¿Te acordás del día que Villagra hizo un gol de Gallardo? ¿Y te acordás de que ese mismo día, y en esa misma cancha, el uruguayo Hernán Rodrigo López imitó a Francescoli?
Es muy difícil que un 1-1 en la sexta fecha de un campeonato pase a la historia, pero este Vélez-River de muy buenas intenciones, de pelota al piso y ataque contra ataque, se transformó en partidazo y tendrá ribetes de histórico por esos dos golazos.
Fue extraordinario lo que hizo Villagra, quien tiene la notable capacidad de convivir entre esa rara gambeta a los tropezones y genialidades como la de ayer. Porque no hay otra manera de llamarle a esa definición que mezcló precisión, técnica en el remate, visión de la jugada, inteligencia y atrevimiento. Por las dudas se repite: lo hizo Villagra.
Resultó más extraordinaria todavía la pirueta de López, otro de una capacidad especial para ser demonio y ángel para su gente en un mismo cuarto de hora. Recibió de Zapata, paró la pelota de pecho, aprovechó la siesta de Villagra al habilitarlo y desenfundó esa cabriola llamada chilena sólo apta para elegidos (no se recomienda para un picado entre amigos y con piso duro). Vale la insistencia y va con aclaración: este uruguayo se llama López y no tiene nada que ver con Enzo.
Antes y después de esas dos explosiones en sólo cuatro minutos quedaron dos conclusiones colectivas y una revelación, con cierto aroma a consagración, individual.
River es otro. Es cierto que se comió cinco con San Lorenzo y penó afuera por la Copa, pero hay atisbos de una recuperación que puede ser duradera. Y la base es la decisión, y la bandera de esa decisión es Ahumada. Muy solo en la recuperación, se rompe el alma por el equipo. Eso genera contagio y entonces el objetivo de enterrar el oprobioso último puesto es posible. Es cierto que en defensa siempre parece al límite, que Abelairas casi no acierta ni con su pegada, que a Buonanotte le pesa ser enganche y que le falta paciencia para manejar la pelota, pero acumula síntomas positivos: no necesita ser superior al rival para generar peligro, tiene dos 9 que aun en una tarde sin brillar dan sensación de riesgo, Fabbiani absorbe presiones, muestra un orden que parecía olvidado y Gallardo está bien, muy cerca de la titularidad.
Vélez va a pelear el torneo. Mejor dicho, lo va a jugar porque lo distingue la circulación de pelota desde Cubero y Papa, y Razzotti y Zapata. Puede disimular una baja producción de Moralez, sus delanteros son peligrosos, el arquero es poco ortodoxo pero buen atajador y Gareca no se achica (junta a tres atacantes) pero tampoco mastica vidrio (Díaz por Larrivey con uno menos).
A esa estructura la banca un zaguero al que seguramente ya habrá marcado Maradona: Nicolás Otamendi. Una roca que se comió a Falcao-Fabbiani, rápido, ningún chambón con la pelota y con la agresividad que cualquier manual pide para el puesto.
Impresionó Vélez de arranque, lo arrinconó River al final. El punto los aleja de Lanús pero las formas los debe dejar conformes: de mantenerlas, quedarán más cerca de que el Clausura les resulte histórico.

LOS PARTIDO DE HOY

LAS PREVIAS

VELEZ Vs. RIVER


NEWELL`S Vs. HURACAN


RACING Vs. GODOY CRUZ


BOCA Vs. ARGENTINOS

RIVER 3 ARSENAL 1

SANGRE, SUDUR Y LÁGRIMAS
River lo dio vuelta con carácter y también con fútbol. Con ocho jugadores y medio, le metió garra y lo ganó con los golazos de Gallardo y las pinceladas de Fabbiani.
 
Como si esos 35 mil hubieran alzado las manos para atrapar alguno de los aviones que pasaban lamiéndoles las cabezas. El ulular jamás se acallaría. El corazón no dejaría de bombear a full hasta un largo rato después, cuando el Muñeco se lanzara a llorar de emoción y Gerlo de dolor. Dos símbolos. Una pintura de la personalidad, la actitud, la piel rasurada en cada instante que construyeron la media hora final. Corazón y el fútbol. Una simbiosis a la que se habían desacostumbrado...
Porque River siempre fue, buscó contínuamente, le propuso golpe a golpe a un equipo que lo aceptó con dignidad, aún conocedor de las equivalencias no lo favorecían. El equipo de Pipo quería. Augusto empezaba a recuperar memoria. El Ogro, al menos, hacía de pivot. Radamel, colombiano cabeza dura, buscaba de arriba y hasta hacía estallar el travesaño. Como tantas otras veces, River entusiasmaba. Como tantas otras, estaqueaba inquietud: una zaga impresentable, penal en contra, resultado adverso. El descanso entre etapa y etapa fue un reconocido cuadro de angustias recientes, un camino signado por la fatalidad. Cómo será la herida de esos 35 mil que ni el tozudo cafetero, que al fin la clavó junto a un palo, les pudo sacudir la alarma.
Magia. El ambiente se colmó de chispas cuando se acercó a la raya y Pipo le pasó la mano por el hombro. Ahí nació el clamor. Empezaron a olvidarse deque Ortega estaba en un palco, del pasado, de que Gerlo metía una pifia inconcebible, de que venían de comerse 5 y 2... Fue uno de esos momentos mágicos que tuercen la historia. Casi no se movió el reloj y el Tanque corrió como un maratonista e hizo rebotar a un rival como un hipopótamo: líder de masas, conductor de contras, empezó lo que prolongó Falcao para el Muñeco. Dibujo exquisito para homenajear su regreso al Monumental. Su primer toque, la primera pelota. Definición única.
Nada sería igual. Media hora que le absorbió el alma a Arsenal, se la aniquiló. Ese estadio se convirtió en un circo pagano. Ardiente y pasional. El carnaval tan anhelado. No es sino un partido, nada más. Es un festejo que nacía de la piel de Gallina. Y se alimentaba de fútbol. Nada menos.
Nacía en ese equipo remendado ante la urgencia. Esos 35 mil podrán contarles a sus nietos que Danilo jugó desgarrado, de 9, que lo ovacionaron. Que, por fin, el arquero de River ataja las que van al arco... Que en el plantel sigue habiendo un par de zonzos sin remedio. Pero que Falcao fue una fiera, sí, como volante tapón. Que el Ogro (más gordo que quien esto firma y no es pavada), sirvió una asistencia de novela. Que tienen a Gallardo, Muñeco feliz, un 10, un enganche, un jugador de fútbol, un crack que aun en su postrimería se banca ofrendarles otra definición de cuento.Por un rato el Monumental fue una cajita de fantasía. Hacía tanto que sus dueños no gozaban tanto en su propia casa...



SAN LORENZO 5 RIVER 1

"SI NO QUIEREN MAS GOLES, QUE ME COMPREN"
Bergessio volvió a descoserla frente a River: asistió en el primero, hizo un golazo, fue figura y, de yapa, embocó una chicana. El es el Ogro de Núñez. San Lorenzo bailó al River de Pipo desde los 27 segundos. Santana, Adrián González, Bottinelli, Bergessio y Silvera para un 5-1 histórico.
El Ogro de River no es Fabbiani. El Ogro de River es Bergessio.
El que se quema con Lavandina se quema en serio. Y River se prende fuego cada vez que se cruza con Bergessio. Y Gonzalo lo sabe, claro. Y eso lo agranda. Adentro de la cancha. Y afuera también. "Si no quieren que les haga más goles, que me compren", chicaneó el delantero, tan ocurrente como durante los 90 minutos. Una hora y media en la que volvió a plasmar su robustez y potencia, haciendo rebotar a cuanto rival se le cruzara por delante o por detrás. Bergessio volvió a romperle el arco a River, y fue un golazo, el 4-1 que esfumó todas las ilusiones de seguir puntero del Millo, como les esfumó aquel 8/5/08 los sueños de seguir viviendo en la Libertadores, cuando Lavandina jugó el mejor partido de su vida y Boedo festejó un campeonato en Núñez. Y el punta pasó a ser canonizado por los hinchas de San Lorenzo. Fieles, devotos que ayer alimentaron la fe luego de gozar otra tremenda performance. Si River quiere dejar de sufrirlo, entonces, va a tener que ponerse parece. Pero, en este caso, lo caro le va a salir barato. Seguro.
Porque Bergessio (quien ya le había hecho un gol a River jugando para Racing, en el Apertura 2006, triunfo 3-1 de la Acadé), mostró sus cualidades al cuadrado en la primera jugada del partido: desbordó y mandó el centro atrás, luego aprovechado por Santana para iniciar la goleada.
Y no paró más. Fue pivote, wing, 9 de área goleador. Fue pura polenta, arrastró marcas, colaboró en defensa. Intimidó constantemente. Así como Fabbiani hace que sus marcadores se rasquen la cabeza y les dé taquicardia, Bergessio parece provocar el mismo efecto en quienes portan la banda roja. Y eso genera, además, impotencia, porque más que a nadie quieren opacar, si hasta se habló post Monumentalazo que Simeone quería a Lavandina para sus filas pero los mismos jugadores se habrían negado a avalar su llegada, luego efectivamente trunca, enojados por las peleas del canterano de Platense con Eduardo Tuzzio y compañía.
Bergessio no habló antes de irse a su casa. Ya había dicho, con cara pícara, lo que había esperado decir durante toda una semana tan mediática como callada para él. No hizo declaraciones en la previa pese a ser de los personajes más buscados, pese al morbo tan instalado, aceptó la sugerencia de Russo, no entrar en polémicas, ni siquiera exponerse a quedar envuelto en alguna. El punta habló en la cancha. Y la voz del estadio lo nombró dos veces al anunciar la formación (cualquier similitud con los dos goles coperos no es mera coincidencia), la gente nuevamente lo ovacionó más que a nadie, él se supo ganador otra vez, desde el arranque del 5-1 histórico. Icono de este San Lorenzo arrasador, infalible, motivadísimo, estandarte de las ganas con mayúsculas que mostraron los 14 que jugaron.
"Poné a Fabbiani", se burlaron las gradas del Ciclón aun con el Ogro en cancha. Porque el único Ogro, ayer, resultó Bergessio. Y jugó para San Lorenzo. Aunque por cómo viene la cosa, por ahí, en junio, cambia de colores. Pinta tan utópico como que se saque un aplazado en un partido contra River.

RIVER 2 BANFIELD 0

DE PUNTA PARA RIVER
¡¿Qué último?! Con un tiro libre polémico de Abelairas y una asistencia de caño de Fabbiani para Falcao, el equipo de Gorosito está primero. Pero otra vez jugó flojo y la figura fue Ojeda.
El Cholo Simeone dijo que el equipo iba a aparecer en la quinta fecha. Se supone que se refería al torneo pasado. O quizá lo suyo fue una profecía de lo que sería este modelo 2009 que juega como puede. Y puede, como se ve, ganar sin el afán de respetar los preceptos que históricamente reclama la San Martín. ¿Cómo? De punta para arriba. Para River.
Para un River que transmuta por la bipolaridad, lo de ahora es euforia. El ganar genera el efecto de esas píldoras (¿azules?) que levantan los ánimos de la dama y el caballero. Van dos al hilo, la misma cantidad que en todo el Apertura. El qué, entonces, se festeja con los ojos tapados mientras se espera la resurrección del cómo.
No tener la pelota es, acaso, el mayor de los pecados que puede cometer un equipo que se predispone a ser protagonista. Y River jugó ayer varios partidos posibles, pero en ninguno de ellos hizo bandera de la posesión. Esta incomodidad fue por carencias propias -falta de movilidad y ciertas posiciones desfavorables como la de Buonanotte, partiendo casi como gemelo de Ahumada- así como por los aciertos de un digno rival que lo obligó a saltar la presión con el pelotazo y a dividir en la zona en que Gorosito promulga el pase seguro. El toco y paso, en cambio, lo vio de a ratos en la combinación de empeines de Erviti y Bertolo, una pesadilla para Ferrari-Augusto.
Pero buscar la identidad ganando es más fácil. Fácil para pensar el próximo partido, fácil para ver el video de ayer y fácil para no sufrir en la repetición de la tapada de Ojeda -al ex Boca- que podría haber cambiado el sentido de la tarde. Porque River no fue ancho ni profundo. No desequilibró como consecuencia del juego asociado sino que, a ciencia cierta, lo hizo a partir de la causa que abrió Pompei con su dudoso gesto. Bueno, tal vez se defendió bien. Tampoco. En el primer tiempo, Banfield le encontró más agujeros que un queso gruyere a las espaldas de Augusto y Ferrari. En el segundo, le perdonó la existencia con las bonificaciones en las pelotas paradas. Más: el Tano Nasuti no jugó, y se olvidó las piernas del Diego del 94 en la publicidad. Gerlo se las quiso poner dos veces al salir jugando y sumó más (in)seguridades. ¿Entonces? Pues River resultó 100% efectivo, lo que no es poco. Y se acomodó, sin excesos de pudor, a buscar el contrapie del rival. Tambien exploró la punta izquierda que no había visitado en los primeros partidos. Recuperó otras esencias como la pegada de Abelairas y el despliegue de Ahumada que, con todos los títulos atroces que se le quieran meter, sigue siendo fundamental en el andamiaje del equilibrio. Y la entrega incansable de Falcao. Y van 466 palabras y aún no se nombró a... Fabbiani. Es cierto. ¿Cuánto tendrá que ver en esta historia? En la semana es Sportivo Verborragia. Los domingos juega para Club Atlético voy-a-entrar-e-inventar-algo. Es el que le prestó a River este nuevo momento de optimismo. De punta para arriba. Pero en la punta, al fin.


CENTRAL 1 RIVER 2

EL MÁS GORDO, LEJOS
Fabbiani alimenta el mito: en 33' se comió la cancha, sacó a sus rivales y River ganó con un bombazo suyo. El Ogro fue el héroe de un día de película en Rosario.
Está tocado. Por alguna varita mágica, por el destino, por la balanza, por la pasión de vestir la camiseta que ama, por todo junto o por quién sabe qué. Pero el tipo, a los 25 años, se plantó y amagó con largar todo si no le cumplían el deseo de jugar con la Banda cruzándole el pecho. Idolo sin siquiera haber pisado el Monumental, un poco más endiosado cada vez que entra a la cancha. Y River, cuyo slogan de "el más grande, lejos" terminó enchastrado después del histórico último puesto en el Apertura, ahora sonríe, y sueña, y se contagia de una catarata de energía positiva que viene en envase extra large.
Y para agregarle más color a su biografía, Cristian Fabbiani convierte su primer gol justamente frente a Central. Y en Rosario. En un contexto especial. Con algunos hinchas locales silbándolo y otros, la mayoría, aplaudiéndolo irónicamente. Con todos dedicándole gestos de qué-gordo-que-estás. En definitiva, no hacen más que engordar la actuación del delantero. Porque es Fabbiani el que cambia el partido. Es Fabbiani el que lo gana. Es Fabbiani el que lee ese trapo colgado en la popular de Central que le dice "vos no estás gordo: Newell's es chico". Y es Fabbiani, 102 kilos según la balanza del club, el que festeja su gol "rascándose la lepra" y se lo dedica "a los hinchas de Newell's y de River".
Todo ese torbellino que se anunciaba con su contratación se empezó a cristalizar con una rapidez inversamente proporcional al tiempo que demoró su llegada a Núñez, entre charlas, ofertas, contraofertas y plantones a Newell's, a Vélez. Ya había resultado determinante el jueves, en el debut en la Copa Libertadores frente a Nacional de Paraguay, al bajar la pelota (si no fue mano, ¿la habrá dormido con la manota de Shrek?). Y ayer por la tarde se hizo notar de arranque nomás, más allá de la mímica que le devolvía a la platea, como explicando que no llegaba a escuchar el coro de insultos. De hecho, ingresó a los 12 minutos del segundo tiempo y ni siquiera había tocado la pelota cuando empezó a sacar del partido (y de quicio) a sus rivales: se paró frente a Broun y no dejó que iniciara rápido un contraataque, lo que originó un "dale, boludo" del arquero de Central. El Ogro pisó la pelota un par de veces y metió un gol made in esos nueve de potrero, grandotes, que le pegan al arco desde cualquier lado: dos pasos de carrera y bombazo que Broun, mal parado y algo tapado, no llegó a detener sobre su palo derecho. Luego se le plantó a Jesús Méndez cuando el volante de Central le fue a protestar un fallo a Baldassi. Escobar le entró muy fuerte justo enfrente del banco de suplentes de River y se armó un revoltijo que tuvo un claro ganador. Fabbiani, claro...
Referente para los hinchas, para sus compañeros que lo elogian a cada rato, para el cuerpo técnico, para los dirigentes, para los rivales. Abelairas se le trepa a caballito tras el pitazo final, el que sentencia el primer triunfo de River en el campeonato. Galmarini abraza a su compañero de habitación en la concentración, Cabral lo busca para festejar y todos lo encuentran sonriente, gordo de felicidad. A esta altura, queda en anécdota que la AFA no le haya permitido utilizar el 99 en su camiseta. Es el 9 de River. Y vale doble.


RIVER 2 COLON 2

SOMOS TODOS BURRITOS
El "Orteeega, Orteeega" fue otra vez el grito de guerra para un River que, con dos goles de ventaja y un jugador más, estaba para enamorar pero le empataron sobre la hora.
Ese apellido se transformó en un grito de guerra, en un pedido que al mismo tiempo sirve para reclamar sin ser tan hiriente (al menos literalmente) como un insulto. Fue inevitable que se escuchara en ese final de historia repetida, que no era el que le correspondía a los 90 minutos previos al zapatazo de Prediger. Por eso, después de muchos más aplausos que silbidos en la despedida, el "Orteeeega, Orteeeega" retumbó de arco a arco y cerró una jornada que justamente había arrancado con el mismo grito, con el mismo reclamo, con la misma añoranza por el ídolo que no está.
Los amagues, vaya paradoja, que River le hizo al regreso del jujeño habían elevado la temperatura de los hinchas en la previa al debut. Pero como en cada inicio de campeonato los hinchas coparon el Monumental con ánimo positivo, sin importarles que durante el verano el equipo no logró enterrar la malaria. Obvio que la calentura estaba y la descargaron luego de la improvisada presentación de Gallardo y Fabbiani, los refuerzos que fueron bien recibidos desde las tribunas y a los que despidieron con un lógico "Orteeeega, Orteeeega", no para rechazarlos a ellos sino para que lo escuchen los dirigentes que se entregaron solitos a las fieras al querer mostrar las caras nuevas, cuando no estaba justamente la cara que más esperaba encontrar el público.
Igualmente, gracias al nivel que fue mostrando el equipo con el correr de los minutos, el recuerdo del Burrito pasó a ser una simple anécdota, un mensaje que apenas se mantenía vigente en un par de banderas que recordaban cuánto lo extrañan. Entonces, durante el partido nadie se acordó del jujeño y todo se transformó en aliento, en alaridos ante cada quite de Nicolás Sánchez, en aplausos para las gambetas de Buonanotte y para la incansable entrega de Radamel Falcao. Así, los jugadores se fueron al descanso y no escucharon los habituales insultos de los últimos meses del 2008. Esta vez las puteadas fueron pocas, como para no perder la costumbre, y dirigidas ¡al árbitro!
Como una novia que perdona los errores del pasado y vuelve a entregarse, los hinchas hasta regalaban oles ante el toqueteo que encontró el punto G en la jugada del 2-0. Y todo parecía tan rosa que los plateístas de la San Martín enrojecieron sus manos para reconocer a Rosales, Cabral y Buonanotte cuando fueron reemplazados. La fiesta completa (en la tribuna y también en la cancha) estaba armada como hacía tiempo no se veía en el Monumental. Fabbiani y Gallardo la disfrutaban desde un palco. Cerquita de ellos, Felipe Solá también gozaba y se imaginaba los afiches de campaña abrazado al Ogro, al que definió como "el político más hábil y candidateable".
Pero... Sí, desde hace rato en Núñez no se pueden sacar la maldición del pero. Entonces, el vals (un baile tranquilo, sin lujos, que puede sonar exagerado, pero a esta altura que River esté 2-0 arriba...) se sacudió con un zapatazo de Capurro, aunque nadie se asustó demasiado. Un rato después zapateó Pedriger y la fiesta se mudó de tribuna. Para los locales se transformó en un tango sufrido, nostálgico, lleno de melancolía y una sola palabra creó la letra completa, con estribillo y todo. "Orteeeega, Orteeega" cantaron los hinchas calientes por los dos puntos que se escaparon y desilusionados porque el ídolo sigue en Mendoza.
¿Todavía quedan chances de que regrese antes de julio? Tras las frustradas y desprolijas negociaciones de la semana pasada, ayer los dirigentes repitieron y aseguraron que la de Ortega ya es una historia archivada. Sin embargo, por lo bajo no descartan que consigan el dinero necesario para que el ídolo vuelva ya a Núñez y así su nombre deje de ser un grito de guerra y se transforme en uno de aliento.