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CENTRAL 1 VELEZ 1

PILCHA QUE SUMA
Gareca mantuvo su campera fetiche y Mostaza le respondió con la camisa rosa que le había dado dos victorias. Así, ninguno podía perder y se repartieron los puntos.
Una es negra, deportiva y llegaba avalada por el arco menos vencido, ni una derrota en el lomo y la pinta de equipo serio. La otra es rosa, elegante y aparecía como uno de los secretos de la resurrección, de esos dos triunfos implacables. Y aunque los colores, las formas y las perchas sean muy distintas, no hay dudas de que tanto la campera de Gareca como la camisa de Merlo dan resultado. Porque así como Vélez dominó, la gastó y jugó un primer tiempo excepcional, Central reaccionó, se creyó que la vida es mostaza, lo empató y hasta terminó mejor parado que su rival.
Cuando las diferencias entre un equipo y otro son tan grandes como lo fueron durante el primer tiempo, se hace difícil definir con exactitud si es por virtudes propias o por debilidades ajenas. Pero, más allá de eso, lo concreto es que de arranque hubo un solo equipo en cancha: Vélez. Un Vélez sólido atrás, ordenado, demoledor físicamente y que de mitad de cancha en adelante es la envidia de muchos. ¿Por qué? Porque tiene a Larrivey y al uruguayo López, dos 9 que pivotean, que se tiran atrás, que no chocan y que, ya sea en yunta con Moralez, Ocampo, Zapata o quién se lo propusiera, se hicieron un festín entre los volantes y la última línea de Central. Ahí gestó el gol (sutileza de Zapata y gran definición del Bati) y desde ahí pudo haber hecho no dos o tres goles más, sino dos o tres golazos.
Pero no los hizo y le abrió la puerta a Central. Y Central cambió. Porque dejó de utilizar los pelotazos como único argumento de ataque y encontró en el Equi González al armador que le había faltado. Entonces, Escobar se acomodó, Méndez creció, Alvarez y Núñez se animaron a cruzar el medio y Caraglio, con picardía, como un mini Fabbiani, ya no perdonó.
Pudo llevárselo Vélez con el cabezazo de Nanni, sí. Pero Broun con una atajada-gana-partidos se lo impidió. Pudo quedárselo Central, también. Pero Lunati se equivocó al no cobrar penal de Cubero a Moreno y Fabianesi. Así que no fue de ninguno. Y la campera del Tigre y la camisa de Mostaza terminaron a los abrazos, invictas, contándose sus secretos.



* LAS IMAGENES

VELEZ 1 RIVER 1

EL MUÑECO Y EL PRINCIPE
Villagra se vistió de Gallardo y López imitó la chilena de Francescoli. River y Vélez empataron, y sacaron conclusiones positivas: van a pelear el campeonato.
ARRIBA: 0-1, Villagra y un Gol, al de Gallardo a Arsenal)
ABAJO: 1-1, Hernán Rodrigo López y un Golazdo a lo Enzo)

¿Te acordás del día que Villagra hizo un gol de Gallardo? ¿Y te acordás de que ese mismo día, y en esa misma cancha, el uruguayo Hernán Rodrigo López imitó a Francescoli?
Es muy difícil que un 1-1 en la sexta fecha de un campeonato pase a la historia, pero este Vélez-River de muy buenas intenciones, de pelota al piso y ataque contra ataque, se transformó en partidazo y tendrá ribetes de histórico por esos dos golazos.
Fue extraordinario lo que hizo Villagra, quien tiene la notable capacidad de convivir entre esa rara gambeta a los tropezones y genialidades como la de ayer. Porque no hay otra manera de llamarle a esa definición que mezcló precisión, técnica en el remate, visión de la jugada, inteligencia y atrevimiento. Por las dudas se repite: lo hizo Villagra.
Resultó más extraordinaria todavía la pirueta de López, otro de una capacidad especial para ser demonio y ángel para su gente en un mismo cuarto de hora. Recibió de Zapata, paró la pelota de pecho, aprovechó la siesta de Villagra al habilitarlo y desenfundó esa cabriola llamada chilena sólo apta para elegidos (no se recomienda para un picado entre amigos y con piso duro). Vale la insistencia y va con aclaración: este uruguayo se llama López y no tiene nada que ver con Enzo.
Antes y después de esas dos explosiones en sólo cuatro minutos quedaron dos conclusiones colectivas y una revelación, con cierto aroma a consagración, individual.
River es otro. Es cierto que se comió cinco con San Lorenzo y penó afuera por la Copa, pero hay atisbos de una recuperación que puede ser duradera. Y la base es la decisión, y la bandera de esa decisión es Ahumada. Muy solo en la recuperación, se rompe el alma por el equipo. Eso genera contagio y entonces el objetivo de enterrar el oprobioso último puesto es posible. Es cierto que en defensa siempre parece al límite, que Abelairas casi no acierta ni con su pegada, que a Buonanotte le pesa ser enganche y que le falta paciencia para manejar la pelota, pero acumula síntomas positivos: no necesita ser superior al rival para generar peligro, tiene dos 9 que aun en una tarde sin brillar dan sensación de riesgo, Fabbiani absorbe presiones, muestra un orden que parecía olvidado y Gallardo está bien, muy cerca de la titularidad.
Vélez va a pelear el torneo. Mejor dicho, lo va a jugar porque lo distingue la circulación de pelota desde Cubero y Papa, y Razzotti y Zapata. Puede disimular una baja producción de Moralez, sus delanteros son peligrosos, el arquero es poco ortodoxo pero buen atajador y Gareca no se achica (junta a tres atacantes) pero tampoco mastica vidrio (Díaz por Larrivey con uno menos).
A esa estructura la banca un zaguero al que seguramente ya habrá marcado Maradona: Nicolás Otamendi. Una roca que se comió a Falcao-Fabbiani, rápido, ningún chambón con la pelota y con la agresividad que cualquier manual pide para el puesto.
Impresionó Vélez de arranque, lo arrinconó River al final. El punto los aleja de Lanús pero las formas los debe dejar conformes: de mantenerlas, quedarán más cerca de que el Clausura les resulte histórico.

LOS PARTIDO DE HOY

LAS PREVIAS

VELEZ Vs. RIVER


NEWELL`S Vs. HURACAN


RACING Vs. GODOY CRUZ


BOCA Vs. ARGENTINOS

ESTUDIANTES 0 VELEZ 1

POR UN OCAMPO
Vélez pasó del brillo al sufrimiento y ganó por el gol del pibe en una gran etapa inicial. Sigue invicto y prendido, y tumbó un largo reinado del Pincha en La Plata.
Fue el mismo equipo el que en el primer tiempo desplegó un fútbol impecable, vertiginoso, audaz y eficaz y el que en la segunda etapa prácticamente se limitó a esperar que Estudiantes no le acertara al empate? Difícil de entender tanta diferencia, más cuando en la última hora de juego Vélez tenía un hombre más...
Si en el primer tiempo Vélez se llevó adelante a su rival con fútbol, en el segundo Estudiantes se impuso por voluntad. El resultado, aunque no hubiese estado mal un empate, terminó premiando al que generó un mayor caudal de juego como para desnivelar. Y al que tuvo mayor eficacia. Vélez ganó por un Ocampo...
En el principio, parecía que lo pasaba por encima. Con tenencia de pelota, movilidad, toque, dejó a Estudiantes desorientado. Aunque eso también dependió del propio esquema dispuesto por Astrada: tres defensores (Ré, Cellay, Desábato), tres volantes (Sánchez, Huerta y Benítez), otra línea de tres ofensiva (Salgueiro, Verón y la Gata Fernández) y Boselli adelante. ¿Volante por derecha? Salgueiro hizo las veces de... Y así Vélez se hizo un festín por esa banda, con Zapata cerrado para que subiera Papa y los avances de Rodrigo López. Lo dicho: manejo de pelota, circulación y llegada. Estudiantes, únicamente, amagaba con acercarse a partir de pelotas paradas. La expulsión de Matías Sánchez y el gol de Ocampo dejaron el panorama todavía más favorable a Vélez, pero entre imponderables (las lesiones de Cabrera y Moralez) y el retroceso del segundo tiempo tuvo que prepararse para sufrir...
Astrada, en la semana, había dicho que su equipo no podía perder más tiempo, porque eso no se recuperaba, en referencia a su tardía reacción en Sarandí, contra Arsenal. En este caso perdió 45 minutos completos, hasta que logró seguir una línea de juego y empujar -incluso con uno menos- a Vélez contra su arco. No generó demasiadas llegadas claras, pero le sacó la pelota y lo dominó en el juego. Y, ninguna novedad, levantó cuando a Verón se le encendieron las luces. Eso sucedió en la primera media hora del segundo tiempo. Con eso, no demasiado, a Estudiantes le alcanzó al menos para desprenderse del largo invicto como local en el torneo doméstico con una imagen digna y en parte lo dejó preocupado a Vélez, más allá del resultado. ¿Por qué se retrasó tanto?
Papa dejó de proyectarse y fue todo un símbolo. Regaló la pelota y ni siquiera mantuvo la expectativa del contragolpe: apenas logró avanzar con peligro en los cinco minutos finales. ¿Fue el mismo equipo el del primer tiempo y el segundo? Fueron dos las imágenes que dejó el -por un rato- puntero del campeonato. Claro que para mantenerse ahí arriba tendrá que parecerse mucho más a la mejor versión de este triunfo en La Plata...






VELEZ 4 GODOY CRUZ 0

TRES TRISTES TIGRE
El tridente ofensivo de Gareca está a full: doblete de Maxi, un gol de López y otro de Larrivey le dieron a Vélez un triunfo arrollador sobre Godoy Cruz.
Gareca transformó a Vélez en un equipo feroz, agresivo, hambriento. Como buen depredador, el DT dejó sin defensa a su presa. Juntó a tres tigres. Uno con gran olfato de cazador, Rodrigo López; otro con técnica e inteligencia para atacar, Larrivey; y el tercero con velocidad y fiereza para liquidar a la víctima ante cualquier despiste o intento de escape, Maxi Moralez. Entre los tres tigres del Tigre Gareca, primero acorralaron a Godoy Cruz, después se lo comieron en un puñado de minutos y alegraron al exigente público de Vélez, que agradeció con una ovación la goleada del equipo.
La apuesta de Gareca es tan ambiciosa como efectiva hasta el momento. El doble 9 no sólo aporta potencia ofensiva en el área, porque el Bati y el uruguayo rebotan de espaldas y generan tiempo y espacio para que lleguen los volantes. Eso no funcionó demasiado mientras Moralez arrancó desde la banda izquierda, porque encima Cabrera del otro lado resolvió todo al revés. Vélez le empezó a encontrar la vuelta al partido cuando el Enano se paró como enganche clásico. Ahí, a espaldas de Rojas y Leiva (era dueño del medio), Maxi se asoció con el dúctil pie de Larrivey y tuvo el gol dos veces en su botín derecho. Sin embargo, un 10 desconfiado aún, falló en la ejecución.
El que no perdonó fue López. La platea de Vélez podrá insultarlo cuando sale del área o intenta gambetear, pero el charrúa no está para eso: él se siente cómodo aguantando entre los centrales y metiendo diagonales para anticipar y definir de frente al arquero. Así, con un cabezazo, abrió un juego que se le estaba poniendo incómodo al local, porque Figueroa no termina una en la red pero molesta todo el tiempo con su gambeta, y porque la excelente técnica de Caruso amenazaba.
Larrivey es un socio ideal para López, porque sale y entra del área con o sin pelota y mueve a toda la defensa rival. Claro que el éxito de estos tres tigres también se debió a que estuvo bancado por varios leones: Cubero (líder del equipo desde una posición particular), el pibe Otamendi, Razzotti y Zapata (otro con experiencia en la selva futbolística).
La contundencia del trío de ataque para hacer cuatro goles en un ratito sólo refleja una cara de Vélez, la de su poderío ofensivo. La otra es su peor enemiga: la del nerviosismo, la falta de confianza y la desconcentración. Para luchar contra esos males, al menos Gareca tiene a los tres alegres tigres adelante.

TIGRE 1 VELEZ 2

POR ALGO ES BATI
Joaquín Larrivey tuvo el mejor debut posible: hizo el gol del triunfo de Vélez y fue la figura de la cancha.
Alguna vez Joaquín Larrivey confesó su admiración por Hernán Crespo. Curioso tratándose de un jugador apodado Bati, y no precisamente por usar capota y volar tipo Batman. Siempre sintió, de todos modos, que cualquiera de las dos comparaciones le quedaban grandes. No se cree (todavía) el delantero "de equipo" y con gol que es Crespo ni ese goleador brutal que fue Gabriel Batistuta. Sin embargo, Vélez lo esperaba con expectativas mayores. A nadie le importaba demasiado si era más parecido a uno u otro, o si representaba un mix. Lo interesante pasaba por la necesidad de saciar la falta de gol que venía mostrando el equipo. Y Larrivey, quien está en Vélez desde hace una semana, quien fue designado titular por Gareca en la práctica de fútbol del miércoles y respondió metiendo un gol, anoche empezó a hacer sentir satisfechos a los dirigentes que pusieron 450.000 dólares por el préstamo hasta el final del torneo, sin opción ni nada para quedarse después de mitad de año. El Bati, que ya se perdió dos fechas, vino para jugar sólo 17 partidos. Y la forma de amortizar la inversión es con goles. Por lo que parece Vélez se encamina hacia un buen negocio...
Ojo, no sólo por su gol, el 2-1, bien de goleador, metiendo en el arco -casi cayéndose- una pelota que
quedó muerta en el área después de dar impensadamente en Castaño; sino también por el despliegue que el ex delantero de Huracán mostró a lo largo de todo el partido. Movilidad, participación y oportunismo. Un mix, en definitiva, de Crespo y Batistuta, que Vélez pudo disfrutar para seguir invicto en el torneo y, especialmente, para salir de un arranque dudoso por dos empates seguidos.
La llegada de Larrivey ayuda, claro está, pero tampoco es la solución a los problemas estructurales que muestra Vélez, que jugó mejor que Tigre, sí, aunque no por eso fue súper profundo y peligroso. Fue agresivo en su actitud y en su postura ante el partido, dispuesto a llevarse por delante a su rival, listo para acorralarlo en su campo. Aunque no encontró la claridad necesaria para vulnerar con más facilidad a Tigre, una sombra del equipo que hace un par de meses jugó el triangular definitorio con San Lorenzo y Boca. Ocampo se paró como enganche (Moralez no jugó por estar suspendido), suelto para decidir dónde trasladarse, pero su imprecisión llevó en varias ocasiones a Vélez a depender de los centros de Cabrera. Mostraba sus uñas aunque éstas no arañaban como para lastimar.
Pero le alcanzó. No le sobró como para descorchar y tirarse a un costado a emborracharse tranquilo, pero le alcanzó. Con Larrivey, sus ganas, su polenta y su oportunismo, tuvo para festejar por primera vez en el Clausura.


VELEZ 1 ARGENTINOS 1

LA PISTOLA DESNUDA
Nanni, el ingresado Pistolero, le dio el 1-1 a Vélez recién en el minuto 94. El Fortín es candidato de refuerzos fuertes y pólvora mojada. El Bicho le corrió el maquillaje.
Fácil caer en la figura del Pistolero, en la tanguera metáfora del tiro del final, en los lugares comunes que pintan un gol en la hora y con implicancias para el resultado. Más fácil resulta todavía cuando quien quema los papeles es el gigante (y cargoseado) Roberto Antonio Nanni y el merecido 1-1 de Vélez cae en el minuto 94. Hasta ahí Argentinos aguantó el triunfo. Con un Ortigoza todoterreno que fue volante central, enganche y goleador (de penal) en un Bichito versión Claudio Vivas que sigue llenando sus calzones de clorofila de tanto rasparse contra el pasto. En su espíritu de Ascenso (y en ascenso) parece basarse el post Carusismo (con muy leves toquecitos de Gorosito). Pero ya no alcanza. Ese 3-5-2 archiflexible que planta la vieja mano derecha de Bielsa sólo basta para recuperar la bola y eclipsar a las onerosas estrellas del rival. Recién se suelta cuando Peñalba se libera, Hauche pica al vacío, y Montoya comete el infantilismo de tocar abajo al rapidito en una de esas jugadas donde el arquero tiene todas las de perder. Por eso, caía Vélez a los 33'. Y por su flaca ofensiva. Sin pólvora. A puro centro (una decena) para López.
Primero Gareca sacrificó a Ocampo. El doble enlace con Maxi Moralez no funciona. Encima el Enano se emperró en jugársela en el uno contra uno contra medio Paternal. Argentinos jugaba al límite y Brazenas era algo permisivo (les cobró 12 foules). Entró Cristaldo, recién llegado del fracaso venezolano, con una lección aprendida: botines no carnavaleros y cambiar firulete por peligro. Así Torrico, de a poco, comenzaba a ser figura. Como Sebastián Domínguez, quien abortaba contragolpes ajenos y se mandaba al ataque. Al Fortín le faltaba un tipo con personalidad entre tanto piberío. Y un poco de puntería en el último arresto. Por algo llevaba 450 minutos sin meterla hasta el tiro libre de Papa (en su única intervención destacable después de enfrentar a Ribery) y el testazo que hizo feliz al Tigre. Tanto como la presentación de Larrivey, quien ya se relamía en un palco como el millar de hinchas de Argentinos que pensaba embanderar Juan B. Justo a la salida. Sí, juegan bien (no tan lindo) pero sólo suman un punto. ¿Vélez? Ni una cosa ni la otra, aunque exhibe un plantel que da para más que dos pobres empates. Ayer lo salvó un Pistolero. Pero esa pistola, lejos de la comedia, también desnuda otras realidades. Así como hay un dedo que apunta, hay otros tres que te pueden disparar. Nanni dio en el blanco pero el buen candidato acumula cinco partidos sin triunfos. El Bicho combativo también. ¿Entonces? ¿Así quién gana?


VELEZ 0 INDEPENDIENTE 0

-9
Bajo el solcito, Independiente y Vélez se deshidrataron buscando un gol. Les faltó pisar el área: ¡Pavoooone!, ¡Larriveeeey!
Cuenta la leyenda que, de los laberintos, sólo se puede salir por arriba. Pues bien, en el laberinto de espejos de Independiente y de Vélez, lo que estuvo arriba -en verdad- fue el principio del problema. Y entonces, como en los viejos parques de diversiones, las figuras que allí se reflejaban atentaban contra la realidad visual. El gordo es flaco y el lindo es feo. Aunque, en el Ducó, en Parque Patricios, el 0-0 fue 0-0. Y sin espejismos. Porque adelante, porque arriba justamente, no estaba la solución. Los delanteros de área, especie en extinción, parece que no se consiguen por estos pagos. Bah, aparecer, aparecen. Sólo que ahora hay que repatriarlos. Y pagarlos como nuevos. Todos son geniales a 12.000 kilómetros de distancia. Así, Mariano Pavone, suplente en un Betis que pelea el descenso, es asemejado a Jesús salvador con esa barbita registrada. Y Joaquín Larrivey, postergadísimo en Cagliari, ya es Van Basten en la Euro 88. Claro, hace 20 años, el Rojo y el Fortín no admitían espejitos de colores... La salida, convengamos, ahora y siempre, seguirá estando en el área. ¿Y por casa cómo andamos? -9...
Resultó un partido explicable a base de ejemplos. Poco cambió la cosa con respecto al Apertura. Las carencias se mantienen atornilladas a la tabla. ¿Por dónde empezar? El primer tiro al arco de Independiente fue un testazo frontal de Fredes que terminó a cinco metros del travesaño. Y eso no fue lo peor. Sucedió recién a los 41'... El propio Fredes, extrañamente, terminó la tarde en el área chica resolviendo los esporádicos avances a puro rebote. Sí, anarquía. O falta de rumbo. Núñez, el bomber, se mostraba a 30 metros de Montoya, a mera bomba; Montenegro, oscilando entre ser capitán, técnico en cancha y enlace-punta; Sosa, jugando de Sosa; y Gandín sentado en el banco tras una hora sin GPS. Higuaín, para cerrar con la carta ofensiva (con franqueo a pagar) fue el botón de la muestra. En un mismo metro cuadrado fue enganche, cuarto volante y extremo izquierdo. En esa coyuntura, el más ofensivo fue Tuzzio. Sólido en los cruces, dándole de punta y para arriba, y levantando los únicos y tibios aplausos (a pesar del penalazo a Moralez) de la colmada popular. Vélez, que encima no se desordenó en el fondo, y algo más picante a fuerza de dólares, sólo aparentó ser equipo de pretemporada. El multicampeón económico, con la onerosa presentación de Seba Domínguez y Maxi, buscó el arco. Y mucho. Así, otra vez arroz, Assmann sacó cuatro goles hechos. El doble enlace (Moralez-Ocampo) funcionó pero desde el hágalo usted mismo. Y el charrúa López, goleador de amistosos, cuando se decidió a salir del offside, tuvo la más clarita aunque su penal reventó el palo (como un posterior tiro libre de Ponce que dio en el ángulo, otra pelota parada). La entrada de Nanni para romper el cero resultó una vuelta al pasado. Y que el Rojo primero raspe y después juegue fue otra regresión. Pero el punto suma. Para la manguera de Santoro. Para la imagen de Gareca. Saben que lo mejor puede estar por venir. Hoy continúan en -9. Y encerrados en su zigzagueante laberinto de necesidades.