¿Queres Participar del Blog?
Envianos tus sugerencias a: infoclausura2009@gmail.com, infoclausura2009@gmail.com
Mostrando entradas con la etiqueta Al Otro Lado del Atlantico. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Al Otro Lado del Atlantico. Mostrar todas las entradas

AL OTRO LADO DEL ATLÁNTICO

POCHETTINO NO ENDEREZA LA NAVE
Pensó que era fácil, una tarea sencilla, librar al Español de toda la vida -ahora con nombre catalanizado, Espanyol- del descenso. Lo creyó de forma tan ferviente que no dudó en coger las riendas de un equipo que en autoengullía con un apetito atroz. Quiso confiar en una plantilla con una calidad tremenda pero fagotizada por los años. Ahí continúan internacionales como Luís García, De la Peña, Raúl Tamudo, Kameni... pero ninguno le ha dado el plus de consistencia que precisa el equipo para alcanzar una tranquilidad necesaria -creo, firmemente, que solamente los resultados, como siempre, se la pueden dar-.
Cogió las riendas del plantel y predijo, para sí mismo, que era labor sencilla. Nada más lejos de su realidad imaginaria. Cayeron antes dos técnicos y, si la paciencia no lo calibra, el próximo será él, aunque sería un designio brutalmente negativo para la directiva. El equipo está dolido en su ego, juega enquistado y solamente va librando alguna tarde por la aportación desde el fondo de Nico Pareja, un central solvente que está manteniendo el nivel, ya de por sí, paupérrimo. Insisto el que el ex de Newell´s soñaba con un debut en el banco cómodo, aferrado a sus incondicionales que fueron sus ocompañeros -Tamudo y De la Peña-, pero poco más porque su propuesta también está siendo horrible; no ha aportado nada, se ofusca con decisiones lejos de probabilidades habituales y no es capaz de dar el golpe de timón necesario en los choques. En definitiva, su presencia está pasando desapercibida haciendo más pobre el bagaje de un equipo que se desangra a una velocidad brutal.

AL OTRO DEL ATLÁNTICO

RADAMEL, CHAMÁN DE RIVER

Recuerdo la respuesta: “Falcao García, un pibe colombiano que está empezando”. Eso me dijo el taxista cuando le pregunté la causa de una cantera tan ineficaz, el porqué de no haber, en aquel River que creo entrenaba Mostaza Merlo, jugadores que dieran consistencia al trabajo en los viveros del club millonario. Me habló de este muchacho y, pese a saber que no fue forjado en la simiente del club capitalino, me dijo que era el joven que más prometía, que mejor otorgaba sustento a un equipo, ya de aquella, lastrado por las urgencias. Hablo de octubre de 2005. Íbamos hablando de fútbol, como siempre. Él era seguidor de Platense y a mí me gustaba hablar de fútbol –nunca lo he dicho aquí, pero soy seguidor de Osasuna y ahora no estamos para lanzar cohetes-.
Me hablaba de Boca: “el único que parece jugar algo” insistía. En aquella plantilla estaban en plenitud Palacio o Bilos, que a mí, aún me siguen encantando aunque, por las lesiones e escondites de la vida están desaparecidos –ahora se habla desde acá que Palacio tiene algo con el Betis-. Todo era caótico futbolísticamente allá; sin equipos referentes de calidad, con nervios, tensión y la irrupción de Agüero en aquel Independiente en el que aún no se jubilaba Fernando Cáceres, el central con historia en Valencia, Zaragoza o Celta. Me sorprendió el Kun. Lo ví ante el Colón de Santa Fé en aquel campo decrépito que ahora vive orgulloso su resurrección. Le puso fajín al colorado Lussenhoff con aquel gol que daba el empate a los rojos. Ver ese partido, regresar al hotel por las calles que rodeaban al recinto sin iluminación y memorizar al nombre de Sergio Agúero, lo más destacable.
Más allá de recuerdos nostálgicos, sigo hablando de Radamel, el único, parece, que sigue sintiendo los colores del River, que sufre ante el desconcierto histórico que asuela a un club que quiere levantarse tras el ridículo del ejercicio anterior. Su partido ante el San Martín –un equipo de medio pelo- aunque no digno de calidad, es preciso distinguirlo por su actitud y ambición. Su ansia de enfundarse a la grada en su camiseta, de explotar con un penalti que sonaba a título… en fin, Radamel es, ahora, River. Su enfermedad en vena que implica llevar la sangre millonaria le extingue como una especie a conservar. Fue vital su aportación pero más vital es su consistencia. Con Simeone –valiente decisión la suya de abandonar el barco aprovechando el último salvavidas-, Pasarella o quien quiera que esté, el colombiano es el buque insignia de un equipo que, visto lo visto, debe construirse desde abajo, con un portero más convincente que Barbosa, suplente de los suplentes en cualquier equipo de ascenso.

AL OTRO DEL ATLÁNTICO

RIQUELME-MARADONA, DIVORCIO DE CONVENIENCIA

Tras hablar con Fran estos días, el webmaster de este blog, debería haber hecho un resumen de lo que fue la jornada al otro lado del gran charco que nos separa. La realidad es que solamente ví dos partidos; la lección de Mostaza ante un diminuto Arsenal, y el partido de Boca, marcado por el apoyo de la grada a Riquelme en su duelo por las portadas de los diarios. Con todo, creo que debo dar mi opinión. Ahí va. Muchos no estarán allá (en Argentina) de acuerdo conmigo, estoy seguro. Otros, una pequeña mayoría, disentirán de forma excesiva con lo que voy a contar, y, los menos, quizás me den la razón o me asocien a un estado de enajenación mental transitoria.
Me explico; Maradona no tiene razón, y Riquelme tampoco. Por partes: la llegada del D10S al banco más importante del fútbol argentino fue una medida marcada por el populismo. Grondona, el semidios, abusó de la medida para evitar conflictos y evadirse de responsabilidades. Nunca un mandato tan largo fue efectivo, tiende, por ley no impuesta, a convertirse en dictatorial. Así, para evitar respuestas a preguntas no formuladas pero evidentes, puso a Diego para solapar equívocos previos de técnicos que eran remiendos (Pekerman o Basile). Es consciente que con Bielsa, al que no le acompañaron los resultados, había alcanzado el cielo. Maradona, el inconformista social (pienso que más por ignorancia que por el rol que pretende transmitir), no ha demostrado nada en los banquillos. Y dudo que lo haga –ojalá me esté equivocando en lo que digo pensando en mis amigos argentinos-. Suele, por costumbre, vivir de titulares, de tapas, de historias que le siguen manteniendo en el vilo porlo que fue no por lo que ofrece. Al menos ha insuflado oxígeno contando con jugadores que no están en Europa, pero a medias, porque ha dejado a otros con tanto o más potencial fuera de sus listas.
Y Riquelme, ¿qué contar? Los caprichos han sido su eje dirigible habitual. Inmenso de calidad y antojos, oscureció su historia en el Villarreal por sus extravagancias y falta de compañerismo. No dudo de lo que puede ofrecer pero tampoco lo hago de lo que puede descomponer, en este caso, lo fundamental, el grupo. Rey de los xeneizes, ha encontrado en sus barras el asidero preciso para vanagloriarse en su decisión. No fueron formas para dejarlo, insisto, pero Maradona también se subió a la parra cuando no aceptó los códigos que, en sus subterfugios, siguen guiando el profesionalismo.

AL OTRO LADO DEL ATLÁNTICO

DIEGO PEROTTI DIGNIFICA SU TALENTO
Pocos apostaban por él. Un jugador con poca historia en sus botas, con un apellido al que algunos aficionados aún hoy le rinden pleitesía –es hijo de Hugo Perotti, el Galgo, un xeneize de pro-, ha revolucionado, desde la banda, el ataque sevillista. La irrupción de Perotti ha confirmado el ojo clínico que tiene Monchi, secretario técnico del cuadro andaluz, para hacerse con valores prometedores. Perotti llegó hace un par de campañas al Sevilla recién fichado de un equipo del ascenso argentino, el Deportivo Morón. Pasó a engrosar el listado de jugadores pendientes de explotar. Junto a Armenteros fueron las sensaciones la campaña pasada en un filial que, más allá de clasificaciones, prima por su valor formativo. Trecarichi, otro valor prometedor al que le han podido las alabanzas, es el único que no ha logrado dar el salto a la primera plantilla, o, al menos, debutar. La red de ojeadores del cuadro nervionense ha mostrado una clarividencia precisa para incorporar del cenagal del fútbol argentino valores que están ofreciendo un plus de calidad a una plantilla que, tras tocar techo en Europa con la UEFA por dos veces, necesita un rejuvenecimiento evidente. Fazio, del que sobran atributos que califiquen en lo que se ha convertido, o Lautaro Acosta, el más intermitente por las lesiones, forman la armada en argentina en Sevilla.
Perotti, de momento, está confirmando las expectativas. Con un lugar asegurado en el plantel, dispone de ficha tras la nacionalización de Chevantón, solamente le falta le falta ganar continuidad y entrar en los inicios. Ayer, en Málaga, fue clave en la resurrección de los suyos cuando tenían todo perdido. Le dio el primero a Kanouté y tuvo mucho que ver en el segundo. Las puertas se le abren de par en par. Por detrás lleva a Armenteros, un ex de Independiente que tiene menos posibilidades de llegar al estar más que cubierta su parcela en el primer equipo. Y eso que ya ha debutado.

AL OTRO LADO DEL ATLÁNTICO

HEINZE POLEMIZA TRAS EL DESASTRE

Heinze no ha entendido de jerarquías, algo tan manido en el fútbol argentino. La derrota en Champions League ante el Liverpool ha hecho estallar el vestuario blanco, algo genético en la identidad de los merengues. Alejados del FC Barcelona en Liga y sin opciones de sumar ningún título en otras competiciones, parece que la hoguera ha comenzado a quemar los cimientos del equipo de Juande Ramos.
Sobrevalorado por la importancia del escudo que defiende, ha emergido Gabriel Heinze, el dueño de la parcela más inestable del once de los madridistas desde que Roberto Carlos buscó el retiro en Turquía. Como se dice por aquí, “cada vez que habla sube el pan”. El de Entre Ríos, en rueda de prensa posterior a la catástrofe en Anfield Road, aseguró que le daba lo mismo perder por uno que por cuatro, que lo que quería era pasar la eliminatoria. Casillas, uno de los pulmones anímicos del cuadro blanco, rápidamente le replicó que estar en el club madrileño implicaba salir a ganar, o, de perder, hacerlo dando buena imagen y no recibiendo una goleada que cinceló los anales históricos de los ingleses. Como el meta piensan muchos, sobre todo los de siempre, los aficionados, acostumbrados últimamente a desperdiciar oportunidades y equilibrar su balanza de méritos soñando con realidades ajenas.
Heinze, que cumple su segunda campaña en el Real Madrid, ha encontrado su lugar pegado a la cal, en la banda, una zona donde multiplica sus carencias; no es veloz, abusa de la dureza y, son rivales de entidad, pierde su notoriedad. En el centro del fondo, donde puede hacer más, no tiene sitio. Cannavaro, el culmen de la lentitud, y Pepe, un brasileño incapaz de jugar centrado, le quitan el puesto. Claro indicador, esto último, del nivel que muestra el ex de Newell´s. Su paladar sobre el césped ha perdido tino y no pasa de acariciar la espesura en la que han encontrado aposento sus compañeros. La verdad es que pocos destacan en el estado esquizofrénico en el que se mueven. Ante el Liverpool, más allá de Casillas –evitó una goleada grandiosa- solamente el doble pivote con Gago y Lass Diarra se salvó. Su trabajo físico, exponencial en relación a sus compañeros, no tuvo el premio deseado. Heinze espera. Poco más le queda.